domingo, 13 de julio de 2008

El (magnífico) Mahler de Haitink

El reverso de la Sexta de Mahler dirigida por Valery Gergiev que comenté en la entrada de ayer es esta otra interpretación, grabada tan sólo un mes antes, en octubre de 2007, con la Sinfónica de Chicago bajo la dirección de Bernard Haitink. No puede haber diferencia mayor. Como ha hecho a lo largo de toda su dilatada carrera, aunque no siempre con el mismo éxito, el holandés examina la partitura desde una distanciada objetividad que en la que no renuncia, en modo alguno, a la tensión sonora y a la efectividad dramática, pero sí rechaza de plano todo tipo de efectismo barato, de blandura sonora y de amaneramiento.


El veterano maestro, lejos de epatar con recursos fáciles de tan superficial como insincero apasionamiento, planifica la arquitectura de tensiones con minuciosidad para que el discurso sea mucho más unitario, efectivo e implacable. Está además muy atento a la gama de matices dinámicos, desde el más inaudible pianísimo hasta el forte más atronador, pasando por una amplísima gama intermedia perfectamente estudiada. Y organiza con sabiduría los diferentes planos orquestales no sólo para garantizar la claridad en una obra de tan denso tejido, sino para también obtener unas texturas ricas y sugerentes que pongan de relieve el riquísimo sentido del color de la partitura. Las intervenciones solistas están matizadas con cuidado y acertada intención expresiva.

Ni que decir tiene que escuchando tan sólo unos segundos sueltos aquí y allá, la interpretación de Gergiev aparenta ser muchísimo más electrizante, intensa y apasionada. Pero una audición atenta nos permitirá diferenciar entre la vulgaridad efectista y el honrado, minucioso, sabio y nada pretencioso trabajo intelectual de quien intenta servir a la partitura y no servirse de ella para obtener éxitos por la vía rápida.

Otra cosa muy distinta es que el enfoque objetivo y analítico de un Haitink sea el más adecuado para una obra, esta Sexta Sinfonía, que parece pedir a gritos un acercamiento más personal, más a tumba abierta, como los de un Bernstein, un Barbirolli o un Horenstein, considerados con toda justicia como intérpretes de referencia. De ahí que esta interpretación no me parezca tan indiscutible como el de la reciente Tercera grabada por el holandés al frente de la misma orquesta para idéntico sello, una partitura que, por el contrario, necesita pasar un tanto de largo por ciertas blanduras en su escritura. En cualquier caso, la portentosa ejecución de la Sinfónica de Chicago (¡qué diferencia con la London Symphony de Gergiev!) me hace poner esta Sexta de Haitink entre mis lecturas favoritas, aun sin llegar a la altura de las referidas arriba.

Ah, se me olvidaba poner el link a la excelente critica de este disco en Mundo Clásico a cargo de mi amigo José Sánchez Rodríguez: enlace

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