miércoles, 8 de octubre de 2008

Colin Davis y Mitsuko Uchida: la elegancia bien entendida

La oferta musical londinense es tal que el mismo domingo en que por la mañana escuchaba a Felicity Lott y por la tarde a Viktoria Mullova, tuve que elegir para la noche entre la Phiharmonia con Salonen y la London Symphony con Sir Colin Davis. Opté por lo segundo, aun temiendo que el grandísimo director pudiera fallar en el Cuarto Concierto de Beethoven ejerciendo de "anciano venerable", algo que le pasó a Giulini en sus últimos años y que también le viene pasando, de manera intermitente, al artista británico. Temores infundados.


Su direccion fue, ciertamente, elegante y "clásica", lo que quiere decir que el equilibrio entre forma y fondo y la belleza sonora se pusieron por delante de la profundización digamos "romántica" en los aspectos más escarpados, dionisíacos y dramáticos de la partitura. Ahora bien, y al contrario que otros muchos directores, Sir Colin no confunde este planteamiento con la asepsia ni el distanciamiento expresivo, ni menos aun con la blandura, las sonorides ingrávidas y excesivamente pulimentadas o con la frivolidad. Por el contrario, su Beethoven tiene toda la nobleza, el vuelo lírico y el carácter reflexivo que la obra demanda, sostenido siempre por una arquitectura interna excelentemente planificada en lo que a tensión interna (que no "dramatismo" o "desgarro") se refiere, y en este sentido su recreación de la Op. 58 fue como minimo igual de buena que grabó hace lustros con el anciano Arrau.

En la misma línea estuvo Mitsuko Uchida, una pianista que tampoco se ha destacado nunca por ser el colmo de la fuerza expresiva, pero que sabe ofrecer elegancia y belleza sonoras sin perder de vista la musicalidad ni la sustancia dramática. En esta actuación en el Barbican Hall estuvo estupenda, e incluso me pareció que se superó a sí misma con respecto a su grabación dirigida -maravillosamente- por Sanderling, en la que la pianista oriental se mostraba a ratos algo mecánica e indiferente. La madurez que proporciona el tiempo le ha dejado su huella, y a su nueva aproximación sólo se le pudo reprochar, quizá, que no le sacara todo el partido posible a las acongojantes notas finales del segundo movimieto. Total, que aunque se puedan preferir -yo mismo prefiero- otras aproximaciones, lo de Sir Colin y Uchida es absolutamente indiscutible.

La segunda parte del programa incluía el oratorio Belshazzar's Feast, una pieza que, lo reconozo aun siendo desde hace tiempo admirador la música cinematográfica de Walton, resulta grandilocuente y desprende cierto tufillo hortera. Si Rattle dirige la obra de manera tan extrovertida, descriptiva, brillante y colorista que la partitura parece un musical, y Previn lo hace (me refiero a su grabación de los ochenta con la Royal Philharmonic, la anterior no la conozco) con una rabia, una aspereza y una tensión interna que el oratorio podría pasar como una auténtica obra maestra, Sir Colin Davis afronta la página como lo que es, una interesante muestra de la tradición sinfónico-coral inglesa, se la cree de principio a fin y la ofrece con esa mezcla de solemnidad carente retórica, noble elegancia y tensión sin excesivas aristas que caracterizan su labor en este campo que él ha interpretado desde Haendel hasta Tippet.

El London Symphony Chorus estuvo estupendo y el barítono Peter Coleman-Wright resolvió su parte con algo más que solvencia. Ni que decir tiene que el público del Barbican Hall aplaudió a rabiar, como también lo hicimos los catetos que íbamos allí por vez primera y nos dejamos impresionar, quizá de manera justificada, con semejante despliegue de grandeza, opulencia y billantez sonoras. El concierto se grabó para editar la obra de Walton en LSO live, así que pronto tendremos otra importante opción en las estanterías. Por cierto: ¿para qué demonios está el coro presente, en sus asientos sobre el escenario, durante la primer mitad del programa? Será que no querían perderse a Beethoven, digo yo. A lo mejor a los coristas ingleses, al contrario que a muchos de otras latitudes, sí les gusta escuchar música.

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