miércoles, 2 de diciembre de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (XV): Celibidache en Múnich

A 1979 corresponde la Tercera. A 1985 la Cuarta. La Primera se grabó en 1987 y la Segunda es ya de 1991. Demasiados años de por medio para considerar a esta integral de las Sinfonías de Brahms por Celibidache y la Filarmónica de Múnich como un verdadero ciclo. Las tomas sonoras, en directo y de origen radiofónico, no están a la altura de las grabaciones de estudio de la época. Aun así, estos registros tienen bastante interés dentro de la discografía de estas partituras, y suponen una opción complementaria a las grabaciones del director rumano junto a la orquesta de Stuttgart que ya comenté en una entrada anterior (enlace).


Los parámetros interpretativos de estos registros editados (en dos dobles compactos que incluyen el Réquiem Alemán) por el sello EMI son similares a los de las grabaciones presentadas por Deutsche Grammophon: un fraseo cálido, natural y muy flexible, una admirable plasticidad en el tratamiento de la orquesta y un enfoque interpretativo antes lírico que dramático, pero no por ello ajeno a la tensión interna. Ahora bien, Celibidache fue evolucionando en sus últimos años hacia unos planteamientos más radicales que, además de evidenciarse en su consabida ralentización de los tempi, conducían hacia un tratamiento más depurado, esencial, abstracto e “inmaterial” de la materia sonora, con resultado a menudo discutibles y con frecuencia -aunque no siempre- geniales. Estas cuatro grabaciones nos permiten apreciar semejante evolución, y por eso los vamos a recorren en orden cronológico.

La Tercera (ya dijimos que de 1979) es tan solo tres años posterior a su grabación en Stuttgart, pero si aquélla resultaba un tanto floja, ésta le quedó bastante más conseguida. No obstante siguen existiendo desigualdades muy parecidas a las de antaño, como se aprecia en un primer movimiento atractivo por su carácter anguloso, pero todavía en exceso nervioso, necesitado de mayor concentración y de un fraseo más cálido y paladeado. El segundo, muy personal y creativo, resulta de una poética, intimista y serena belleza, destacando una lentísima y genial sección central de admirable espiritualidad. El Poco Allegretto comienza con una irritante levedad; luego mejora algo, pero sigue siendo en exceso ingrávido -sin llegar a lo cursi-, manteniéndose siempre en piano y careciendo de verdadero vuelo poético. Muy bien, aunque no especialmente conflictivo, el cuarto movimiento, que se cierra con una coda lentísima llena -ahora sí- de magia sonora. Las transiciones son todas memorables.

Ya en los años ochenta, Celibidache ofrece una Cuarta equilibrada, reposada y desmaterializada -aunque no exenta de fuerza- en la que se aprecia su evolución hacia parámetros más creativos, sin llegar a los extremos de la lectura que el firmante de estas líneas le escuchó en Sevilla en 1992. En esta interpretación editada por EMI resulta espléndido el primer movimiento, aunque su final se puede concebir con bastante más rabia y rebeldía: el maestro rumano no tiene particular interés por alcanzar lo agónico. Son discutibles el segundo movimiento y parte del cuarto, con lentitudes y características “brucknerianas” propias de la etapa bávara de Celibidache. En el final del cuarto, al contrario de lo que le ocurre en la interpretación en Stuttgart, el maestro no se precipita, y sí consigue la garra y la fuerza dramática que debe. La orquesta -en general muy notable en estos registros- tiene algunos resbalones, si bien ofrece un sonido muy brahmsiano.

La Primera era ya magnífica en Stuttgart y lo vuelve a ser en Múnich: una interpretación lenta, de nuevo nada rebelde pero sí muy atmosférica, sobre todo en una trágica y ominosa -aunque no desgarrada- introducción, en la que sobresale un fraseo fluido y muy ricamente matizado. En cualquier caso hay que reconocer que al primer movimiento, siendo magnífico, le falta algo de rabia en los clímax, y que el segundo no es tan emocionante como debería -aunque sí muy lírico y hermoso-. El tercero es desde luego espléndido, mientras que el cuarto, tras una formidable y lentísima introducción, se queda un tanto corto en carácter visionario. La impresionante plasticidad con que está trabajada la orquesta compensa las insuficiencias apuntadas y lo discutible del enfoque.

Es en la Segunda, ya de 1991, donde más se evidencia la evolución de Celibidache. En el primer movimiento no aparece en absoluto el nerviosismo de su interpretación en Sttutgart, y sí un fraseo concentrado, con un admirable equilibrio entre dramatismo y vuelo lírico; es verdad que esta lectura no resulta particularmente emotiva en el tema “de la canción de cuna” ni del todo desgarrada en los clímax, y que incluso hay alguna caída de tensión, pero también que nos encontramos con algún momento aislado de gran magia celibidachiana en la sección final.

El Adagio non troppo despliega belleza con un de gran serenidad que no desdeña el sentido trágico, si bien el clímax dramático puede resultar un punto ampuloso, incluso hinchado. En los dos movimientos restantes Celibidache sustituye la correcta ortodoxia de su interpretación de Stuttgart por un trabajo mucho más minucioso y creativo. El tercero se encuentra desmenuzado de manera inigualable, con unas maderas tratadas con impresionante plasticidad. El cuarto resulta más bien lento y, desde luego, ajeno al carácter dionisíaco que otros directores le inyectan, pero está trazado con excelente pulso, expresivamente es muy sincero y ofrece momentos de admirable creatividad celibidachiana.

Las oberturas Trágica y Académica estaban en el repertorio del maestro rumano, pero no conservamos ningún testimonio de su visión de las mismas. Sí que hay dos de las Variaciones Haydn, del que nos interesa el más reciente, que aun registrado con la Filarmónica de Múnich, EMI no ha acoplado con las sinfonías, sino con una Segunda de Schumann. Registrado en 1980, se halla a medio camino entre la relativa ortodoxia de los años setenta y la creatividad del último Celibidache, de tal modo que después de una magnífica presentación del tema -muy atenta a la sutil superposición de maderas y metales-, nos encontramos variaciones tan discutibles como la segunda -de una blandura por momentos irritante- junto con otras tan mágicas -en su discutible lentitud- como la cuarta, entre otras mucho menos arriesgadas pero de enorme musicalidad. Impagable testimonio, en cualquier caso, de un maestro de una personalidad arrolladora.

3 comentarios:

waterloo dijo...

En londres aun no han editado sus grabaciones con la LSO en los 70 y 80 en el sello de la orquesta ...espero que pronto lo editen,porque subiria mucho el nivel interpretativo por mor de la roquesta.

jmfurtwangler dijo...

Me he hecho con dos cofres Celibidache/Emi (Amazón.es, precio ridículo, los Cds vienen en sobrecitos, no en cajas y sale cada uno sobre 1 euro o euro y pico depende del cofre. ¿Espabilamos ya, Fnac, C.I. ?.
He escuchado de momento la 1ª y me parece una de las grandes primeras. Menos arrebatada que la de Sttutgar pero no por ello menos válida, creo...

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Yo también me he hecho con los nuevos cofres de EMI. Había cosas que me faltaban, y a este precio...