domingo, 21 de febrero de 2010

Rózsa visita Sodoma y Gomorra

La primera vez que escuché la banda sonora de Miklós Rózsa para el peplum Sodoma y Gomorra (Robert Aldrich, 1962) fue hace ya muchos años en un barato vinilo español de la serie RCA Cinematres. Me dejó maravillado, y desde entonces se ha convertido en una de mis partituras cinematográficas preferidas. Tiempo después me grabaron un doble lp italiano que ofrecía la partitura completa: el prensado era tan horrible que la audición se convertía en poco menos que una tortura. Ya en tiempos del compacto recé para que apareciera en formato digital, pero lo que salió fue una edición estadounidense más o menos pirata con una selección en sonido monofónico, más luego otra edición limitada ya en estéreo, aunque de nuevo incompleta.


Por fin hace un par de años el sello italiano Digitmovies, celebrando el centenario del nacimiento del compositor, realizó una edición en perfectas condiciones, estereofónica y en un doble cd con más música de la que hasta ahora había aparecido... pero el disco se descatalogó en seguida. Afortunadamente en una de mis visitas a Valencia he podido encontrarlo en la estupenda tienda especializada Rosebud (enlace), a un precio más que decente. Reescuchar esta música me ha supuesto un verdadero placer.

¿Dónde radica el secreto de la atracción que ejerce este compositor retórico, grandilocuente y, en el caso de sus films históricos, bastante cercano al kitsch? Pues en algo tan sencillo como en la fuerza de sus inspiradísimas melodías, de las que Sodom and Gomorrah ofrece un surtido extraordinario. Deberíamos quizá hacer una excepción con el tema principal, que a mi modo de ver roza la vulgaridad. Los demás son todos maravillosos, muy especialmente el "tema de amor" vinculado al personaje de Ildith (Pier Angeli), posiblemente el más bello salido nunca de la pluma del compositor húngaro. Pero no se queda atrás el vuelo lírico del resto, incluyendo no sólo los motivos insinuantes vinculados a los deseos más o menos prohibidos en las ciudades bíblicas, sino también hermosas páginas corales vinculadas al pueblo hebreo y diferentes danzas diegéticas muy conseguidas. Lo más flojo es el conjunto de secuencias de acción diseñadas por Rósza, tan funcionales como rutinarias, si bien las dos escenas finales, la destrucción de las ciudades y la conversión de la mujer de Lot en estatua de sal, poseen una estridencia tímbrica bastante atractiva.


Se trata en cualquier caso, vista en conjunto, de una obra musical de enorme atractivo, que si bien puede resultar un tanto convencional para un momento en el que Alex North había renovado sustancialmente el sonido de las películas "de romanos" (ustedes ya me entienden) con Spartacus, conserva íntegra la fuerza melódica y expresiva que el compositor húngaro supo desplegar en sus momentos de más feliz inspiración.

La interpretación musical es de buena calidad, aunque nunca sabremos si es cierta la reivindicación de Carlo Savina de que él ayudo a Rózsa en la dirección de la orquesta tanto en este título como en Ben-Hur y Rey de Reyes: conocemos gracias a la última edición en compacto que el italiano intervino muy parcialmente en las grabaciones que se hicieron del título de Wyler, pero sobre las otras dos cintas no hay de momento confirmación oficial. Miklós Rósza fue, en cualquier caso, un excelente director de su propia música, como demostró en sus maravillosas grabaciones de los años setenta para Polydor y Decca, varias de ellas aún pendientes de aparición en CD.

La edición de Digitmovies es bastante buena, muy abundante en material gráfico aunque con notas no todo lo pormenorizadas que debieran. El sonido es irregular. Los fragmentos mejor conservados, que son la mayoría, están por encima de la media técnica de la que hacían gala las bandas sonoras de la época, pero hay algunos tracks que son monofónicos y se encuentran en mal estado. Resulta además muy discutible que se haya aumentado tanto el volumen para los fragmentos diegéticos, porque no es de recibo que un simple oboe con percusión acompañante suene más fuerte que el tutti orquestal. En cualquier caso es muy improbable que se realice en el futuro una edición mejor que la que comentamos, así que la cosa está clara: imprescindible para fans de Rózsa. Y ahora a ver si sale una edición decente en DVD, porque la que circuló por España no traía ni el audio original en inglés.

1 comentario:

Eugenio Murcia dijo...

Yo descubrí a Rozsa por sus magníficas bandas sonoras, pero recientemente he escuchado los discos que le ha dedicado naxos a su obra para las salas de conciertos y casi me gusta más. Maravillosos sus conciertos para violin y cello. Saludos.