sábado, 31 de julio de 2010

Recomendable Fausto por Bonynge


GOUNOD: Fausto.
Franco Corelli, Nicolai Ghiaurov, Joan Sutherland.
Orquesta Sinfónica de Londres. Richard Bonynge, director.
Decca, 4705632
3 CDs, 190'17''
ADD
Universal
***

Muy recomendable resulta este Fausto de 1966, grabado con espléndido sonido y respetando la partitura casi en su integridad. Al frente de una estupenda orquesta y un coro excepcional, Bonynge demuestra moverse como pez en el agua en esta elegante, vistosa y superficial página. Ghiaurov está soberbio, y no sólo por sus -en este momento- admirables medios vocales, sino porque sabe atender, como la batuta, a todos los elementos de la partitura: humor, refinamiento y galantería al tiempo que drama e incluso terror. Lástima que Corelli se halle más bien ausente y que la Sutherland sea una Marguerite insípida.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de febrero de 2003 de la revista Ritmo sobre el segundo lanzamiento de la serie "The Opera Compact Collection", editada por Decca.

viernes, 30 de julio de 2010

Diana Krall no se entrega en Madrid

Aprovechando mi visita madrileña para ver el Simon Boccanegra que comenté en la entrada anterior, me pasé la noche del 26 de agosto por el escenario Puerta del Ángel (un graderío al aire libre en la Casa de Campo) para asistir al recital que ofrecía Diana Krall dentro de su gira veraniega para promocionar su último disco, Quiet Nights. Empezó con cuarenta minutos de retraso, por lo que -pese al digno trabajo de los teloneros- el público andaba comprensiblemente mosqueado. Así se lo hicieron saber algunos a la artista en cuanto apareció. Esta no hizo el menor caso –una breve disculpa hubiera sido más que conveniente- y la tirantez entre la diva y el respetable terminó marcando la noche.

En cualquier caso me atrevo a aventurar –no soy precisamente un experto en este género- que fue un buen concierto. La voz de la canadiense ha perdido un poco de esmalte y adquirido cierta aspereza, lo que a mi juicio le viene muy bien a su repertorio. Al piano muestra gran solvencia. Pero ni su voz ni su desenvoltura al teclado me parece que sean determinantes, porque su arte reside en algo que está mucho más allá: en la capacidad para hacer suyas melodías de la más diversa procedencia (escuchamos desde “La Chica de Ipanema” hasta el “I've grown accustomed to her face” de My fair Lady), en la exquisita musicalidad que muestra en todo momento, en sus sutiles inflexiones expresivas, en la capacidad para matizar en el punto justo de dulzura sin pasarse de la raya en el azúcar y, por descontado, en su admirable sentido del ritmo y del swing.

Hay aún algo más. Diana Krall, como los buenos músicos del jazz y al contrario que algunos divos del mundo de la clásica, es consciente de que para lucir su arte es mucho mejor rodearse de gente con talento igual o superior a ellos mismos. En la velada madrileña hizo un magnífico trabajo de equipo –nunca quiso robar protagonismo- con sus tres fabulosos compañeros: el brillantísimo e imaginativo bajo de Robert Hurst, la batería siempre en su punto de Karriem Riggins y la guitarra llena de sutileza de un inspiradísimo Anthony Wilson. Disfruté muy especialmente de la versión que con visible complicidad se montaron de Cheek to cheek, aunque ahí quedó la cosa. Tras una hora de música –no hubo intermedio- el público comenzaba a marcharse, quizá percibiendo que la artista no terminaba de dar de sí todo lo que podía. El fuerte viento que soplaba en la noche madrileña no contribuía a mejorar las cosas, así que la diva se limitó a ofrecer una sola propina y a marcharse tal y como había llegado, sin mucha simpatía. Creo que la mayoría de los que estábamos allí nos lo pasamos bien, pero también que todos esperábamos más: ese plus de conexión con el público, de entrega y de magia, que no se terminó de producir.

El numerito que –informa la prensa gallega- ha montado en su actuación en el Xacobeo haciendo que los guardias de seguridad revisasen los móviles de los sospechosos de haber tomado fotos termina de confirmar que, además de una artista con admirable talento, Diana Krall es una siesa de mucho cuidado. Qué lástima.

miércoles, 28 de julio de 2010

Plácido Boccanegra: triunfo justo y necesario

Acudí acompañado por mi madre a Madrid para presenciar la segunda de las tres funciones en las que Plácido Domingo interpreta el rol titular del Simon Boccanegra que anda estos días ofreciendo el Teatro Real. Canceló Angela Gheorghiu tras una primera función en la que, según todos los testimonios, evidenció una considerable inseguridad: otro testimonio más –y van- de la total y absoluta falta de profesionalidad de la diva rumana. Tenía morbo escucharla, pero al final se terminó agradeciendo su ausencia porque Inva Mula, que cantaba en ese primer reparto que debería haber protagonizado un Carlos Álvarez aún en reposo, se mostró dispuesta a sustituir a la rumana, y lo hizo muy bien. En cualquier caso la noche fue, como no podía ser de otra manera, del inmenso Plácido Domingo.



La crítica

La producción escénica ya se había visto en Madrid. Por lo visto el rojo de entonces ha sido sustituido ahora por un purísimo blanco marmóreo. De mármol de Génova, por descontado. Y de gran belleza: enorme acierto del escenógrafo Michael Scott. La dirección escénica del irregular Gian Carlo del Monaco (¡qué diferencia con sus soberbias realizaciones en Hoffmann o Fanciulla!) no valía un pimiento. Y me refiero a los movimientos de masas y a los personajes secundarios, claro, porque me consta que a los miembros del segundo reparto –o sea, el que comentamos- no se dignó a dirigirlos y tuvieron que improvisar. Al menos fue una dirección de esas “que no molestan”, lo que dados los tiempos que corren ya es bastante.

Jesús López Cobos ofreció el Verdi que acostumbra: flácido, aburrido y sin el menor estilo. Encima en el prólogo y en el primer acto hubo detalles de cursilería (ay, esos violines) bastante deplorables. Luego se mostró expresivamente más centrado, pero las inmensas bellezas de la genial y aún hoy bochornosamente infravalorada partitura no salieron al flote. La orquesta tuvo una noche digna, solo eso, y al coro Intermezzo (esposa del Presidente de Gobierno incluida) lo encontré mejor que en otras ocasiones.

A Inva Mula me parece que es la primera vez que la escucho en directo. La voz no es grande pero sí muy bien timbrada. Canta con enorme gusto y correcto estilo. Además se arriesgó, y lo hizo hasta el punto de tener un par de resbalones perfectamente perdonables. Un poquito más de entrega expresiva no le hubiera venido mal a su algo sosa Amelia, pero aun así firmó un trabajo muy estimable desde todos los puntos de vista.

Ferruccio Furlanetto está mal de voz, ya lo sabemos. Su canto es bronco y está lastrado por no escasa tosquedad. Pero se cree el personaje, lo canta con mucha entrega y consigue además que suene a Verdi; desde luego lo prefiero antes que a voces más sanas pero planas en lo expresivo. Marcello Giordani, excelente y adecuadísimo instrumento en manos de un intérprete generoso en el agudo, ofreció un dignísimo Gabriele Adorno al que le faltó algo de técnica para apianar y matizar como es debido... y para mantenerse siempre afinado. Y Ángel Ódena me sorprendió muy gratamente: su Paolo es lo mejor que le he escuchado hasta ahora.

Del Simone de Plácido solo puedo decir que no lo cambio por ningún barítono, ni de antes ni de ahora. Por descontado que se puede tener una voz mucho más adecuada para el personaje; al menos en lo tímbrico, claro, porque las notas, aunque con alguna trampa para las más graves, las dio. Pero me resulta difícil imaginar un Simone más comunicativo y más sincero. Su canto fue de una belleza y de una emotividad difícilmente comparables. Todo ello con una voz que sigue estando en condiciones admirables, con una dicción ejemplar y con un estilo italiano a más no poder. Y encima, aun sin ser un gran actor, moviéndose como un auténtico señor de la escena, con clase y sin la menor concesión al divismo. La escena final fue de las que te ponen el corazón en un puño, y nos retrotrajo a todas esas grandes escenas culminantes que en sus diferentes personajes el tenor madrileño nos ha ofrecido a lo largo de su prolongadísima carrera. Por cierto, vaya castañazo que se quiso pegar a la hora de la muerte: aunque le pusieran un acolchado en el vestido a tal efecto, semejante riesgo solo lo corren los artistas que llevan el teatro en la sangre.

La crónica

La velada fue más, muchísimo más que una buena representación de Simon Boccanegra. Fue, por fin, el gran, enorme, apoteósico y largamente merecido triunfo de Plácido Domingo en su ciudad natal. El triunfo que tanto tiempo le han negado los estirados que le criticaban su comercialidad, su interés por el dinero y –sobre todo- su fama: ya se sabe que lo que le gusta a las masas no es para los “exquisitos”. El triunfo que le ha negado esa legión de beckmesseristas que, empeñados en defender las presuntas esencias de no se sabe muy bien qué tradición canora, han antepuesto una limitación del agudo por aquí, una escasez de recursos belcantistas por acá o una técnica presuntamente poco refinada por más allá, ante lo que es un arte inmenso en el que lo más importante, la correcta interpretación del personaje y la emoción sincera a la hora de construirlo, le han convertido en el tenor más aplaudido de los últimos cincuenta años.

Se aplaudió mucho la noche del domingo. Más de veintitrés minutos pude cronometrar. La Reina Doña Sofía estuvo de pie aplaudiendo a rabiar todo ese tiempo. El público bramaba como yo jamás he visto. Se vitoreó a todos, pero con Plácido se desató la histeria colectiva. No dudo que la recuperación del cáncer tuviera bastante que ver con semejante muestra de afecto, como también la excelencia de su Simone, pero el asunto fue mucho más allá: ha sido, por fin, la rendición del pueblo de Madrid ante el arte de Domingo. El tenor salió al balcón a saludar al público que se concentraba ante una pantalla gigante colocada en la Plaza de Oriente. Cantó el chotis “Madrid, Madrid…” a capella y luego aquello de “Campeooooooooooooooooooones, campeooooooooooooooooooooones, oeeeeeee ooeeeeeeeeeeeeeee oeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”: no soy precisamente entusiasta del fútbol, pero me enterneció verle tan eufórico –y por ende tan juvenil- ante la multitud.

Sufrimos más de media hora de espera en los camerinos porque Domingo se entregó a una entrevista televisiva. Luego, como en él es costumbre, estuvo firmando autógrafos y sacándose fotos con todos cuanto se lo pedíamos. Con una visible cara de agotamiento, sí, pero poniendo su mejor sonrisa cuando saltaban los flashes. Cuando salió por la puerta de artistas le esperaba otra multitud. Aplausos, gritos, flashes, ovaciones… Juro que había señoras llorando. Más autógrafos. Más fotos. A la una menos cinco de la madrugada se despidió de un público que no dejaba de aplaudir y –ni la limusina de la Gheorghiu ni leches- subió la calle arriba flanqueado por sus guardaespaldas. Creo que Plácido no olvidará fácilmente esa noche. Nosotros tampoco.

Ah, la grabación radiofónica se puede obtener en el blog de Nina la Pazza (enlace).


PS. En un principio escribí que la producción de Del Monaco también se había visto en Valencia. En realidad se trató de una producción propia del Palau de Les Arts a cargo de Lluis Pasqual. Ya lo he corregido en el texto. Mil perdones.

domingo, 25 de julio de 2010

Barenboim y Beethoven: discografía completa

Actualizado al 12 de junio de 2013.

Nota importante: esta entrada no incluye –ni ha incluido nunca– ningún enlace para descargar música.
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Difícilmente ningún artista pueda nunca registrar tantos discos con obras de Beethoven como lo ha hecho Daniel Barenboim. Recogemos a continuación un listado con todas las grabaciones que, en su doble faceta de pianista y director, ha realizado el de Buenos Aires con música del autor de Fidelio y han llegado a ser comercializadas. Muchas de ellas han conocido diferentes ediciones al tiempo que otras se encuentran descatalogadas, aunque en la actualidad la gran mayoría son asequibles, si no en los establecimientos tradicionales, sí en alguno de los múltiples puntos de venta que existen en Internet.

Confiamos en que la lista crezca en el futuro no solo con nuevas grabaciones realizadas por el artista, sino también con la aparición en compacto de algunos de sus numerosos registros radiofónicos (su Quinta Sinfonía con la Sinfónica de Chicago de 1996 sería líder en la discografía reciente) o con el trasvase a DVD o Blu-ray de filmaciones televisivas (como la particularmente memorable Novena en la Scala de 2005) que hasta ahora circulan en formato doméstico o en YouTube.

Agradezco a Ángel Carrascosa la ayuda prestada para la realización de este listado.



MÚSICA SINFÓNICA

· Las nueve sinfonías. Isokoski, Lang, Gambill, Pape. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Staatskapelle de Berlín. Teldec. 6 CDs. Grabación: 1999.

 · Las nueve sinfonías. Samuil, Meier, Seiffer, Koch. Coro de la Catedral de Colonia. Orquesta del West-Eastern Divan. Decca. 5 CDs. Grabación: 2011.

 · Las nueve sinfonías. Samuil, Meier, König, Pape. Joven Coro Nacional de Gran Bretaña. Orquesta del West-Eastern Divan. Decca. 4 DVDs. Grabación: 2012.

· Sinfonía nº 3 (+ RAVEL, MOZART). Orquesta Filarmónica de Berlín. TDK. 1 DVD. Grabación: 1997.

· Sinfonía nº 5 (+MOZART; incluye documental “Knowledge Is The Beginning”). Orquesta del West-Eastern Divan. Concierto en Ramala. Arthaus. 2 DVDs (también en CD). Grabación: 2005.

· Sinfonía nº 7 (+ Concierto para piano nº 1). Orquesta Filarmónica de Berlín. Concierto para celebrar la caída del Muro de Berlín. Sony. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1989.

· Sinfonía nº 8 (+ SCHUMANN, LISZT, WAGNER). Orquesta Filarmónica de Berlín. TDK. 1 DVD. Grabación: 1998.

· Sinfonía nº 9. Marc, Vermillion, Jerusalem, Struckmann. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Staatskapelle de Berlín. Erato. 1 CD. Grabación: 1992.

· Leonora III. Sinfonía nº 9. Denoke, Meier, Frizt, Pape. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Orquesta del West-Eastern Divan. Medici Arts. 1 DVD (también en CD, sin la obertura). Grabación: 2006.

· Leonora III. (+ BOTTESINI, BRAHMS). Orquesta del West-Eastern Divan. Euroarts. 1 DVD. Grabación: 2006.




CONCIERTOS, SINFÓNICO-CORAL Y ÓPERA

· Conciertos para piano 1-5. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Coro John Alldis. New Philharmonia Orchestra. Otto Klemperer, dirección. EMI. 3 CDs. Grabación: 1967-1968.

· Conciertos para piano 1-5. Artur Rubinstein, piano. Orquesta Filarmónica de Londres. Daniel Barenboim, dirección. RCA. 3 CDs. Grabación: 1975.

· Conciertos para piano 1-5. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. EMI. 3 CDs. Grabación: 1985.

· Conciertos para piano 1-5. Staatskapelle de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. Euroarts. 2 DVDs, 1 Blu-ray (también en CD, Decca). Grabación: 2007.

· Concierto para piano nº 1 (+Sinfonía nº 7). Orquesta Filarmónica de Berlín. Concierto para celebrar la caída del Muro de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. Sony. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1989.

· Concierto para piano nº 3. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Daniel Barenboim, piano. Coro de la Academia y Orquesta de la Ópera Estatal de Viena. László Somogyi, director. Westminster. 1 CD. Grabación: 1964.

· Concierto para piano nº 3 (+ TCHAIKOVSKY). Daniel Barenboim, piano. Staatskapelle de Berlín. Zubin Mehta, dirección. Deutsche Grammophon. 1 DVD. Grabación: 2012.

· Concierto para piano nº 4 (+ BOULEZ, BRUCKNER). Daniel Barenboim, piano y dirección. Orquesta Filarmónica de Viena. Cmajor. 1 DVD y Blu-ray. Grabación: 2010.

· Concierto para piano nº 5, “Emperador” (+ BRAHMS). Daniel Barenboim, piano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Claudio Abbado, dirección. TDK. 1 DVD. Grabación: 1994.

· Concierto para violín. Romanzas para violín y orquesta nº 1 y 2*. Pinchas Zukerman, violín. Orquesta Sinfónica de Chicago. Orquesta Filarmónica de Londres*. Daniel Barenboim, dirección. Deutsche Grammophon. 1 CD. Grabación: 1977, 1974*.

· Concierto para violín. Isaac Stern, violín. Orquesta Filarmónica de Nueva York. Daniel Barenboim, dirección. Sony. 2 CDs (incluye otras interpretaciones de Stern junto a artistas diversos). Grabación: 1975.

· Concierto para violín. Romanzas para violín y orquesta nº 1 y 2. Itzhak Perlman, violín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, dirección. EMI. 1 CD. Grabación: 1986.

· Concierto para violín (+ BRAHMS). Itzhak Perlman, violín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, dirección. EMI. 1 DVD. Grabación: 1992.

· Concierto para piano (arreglo del concierto para violín realizado por el compositor). English Chamber Orchestra. Daniel Barenboim, piano y dirección. Deutsche Grammophon. 1 CD. Grabación: 1973 (editado junto a las dos Romanzas con Zukerman de 1974).

· Triple concierto para violín, violonchelo y piano. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Itzhak Perlman, violín. Yo-Yo Ma, violonchelo. Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. EMI. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1995.

· Cristo en el Monte de los Olivos (+ VARIOS). Aikin, Heppner, Pape. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. CSO. 10 CDs (“Chicago Symphony Orchestra in the 20th Century”, edición limitada). Grabación: 1996.

· Missa Solemnis. Kiberg, Meier, Aler, Holl. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. Erato. 2 CDs. Grabación: 1993.

· Fidelio. Incluye Leonora I, Leonora II y Leonora III. Meier, Domingo, Struckmann, Pape, Isokoski, Güra, Youn, Hager. Coro de la Deutsche Staatsoper. Staatskapelle de Berlín. Teldec. 2 CDs. Grabación: 1999.




MÚSICA PARA PIANO SOLO

· Las treinta y dos sonatas. EMI. 10 CDs. Grabación: 1966-69.

· Las treinta y dos sonatas. Deutsche Grammophon. 9 CDs. Grabación: 1981-84 .

· Las treinta y dos sonatas. Filmación de Jean-Pierre Ponnelle. Metropolitan München-Euroarts. DVD y 3 Blu-ray. Grabación: 1983-84.

· Las treinta y dos sonatas (+ clases magistrales). EMI. 6 DVDs (también en CD, Decca). Grabación: 2005.

· Sonatas nº 8, “Patética”; nº 14, “Claro de luna”; nº 23, “Appassionata”. Ermitage. 1 CD. Grabación: 1958.

· Sonata nº 8, “Patética” (+ TCHAIKOVSKY). Teldec. 1 CD. Grabación: 1998.

· Sonata nº 23, “Appassionata” (+ MOZART, ALBÉNIZ, etc.; incluye documental “Multiple identities”). Recital en el Teatro Colón de Buenos Aires. Euroarts. 1 DVD (también en CD, EMI). Grabación: 2000.

· Variaciones Diabelli. Sonata “Claro de luna*. Westminster. 1 CD. Grabación: 1965, 1958*.

· Variaciones Diabelli. Deutsche Grammophon. 8 CDs (vol. 6 de la edición de las obras completas de Beethoven). Grabación: 1982.

· Variaciones Diabelli (+ MOZART, BRAHMS). Metropolitan. 1 DVD/ Erato CD. Grabación: 1991.





MÚSICA DE CÁMARA

· Sonatas para violín (+ TCHAIKOVSKY). Pinchas Zukerman, violín. Daniel Barenboim, piano. EMI. 4 CDs. Grabación: 1971-73.

· Sonatas para violín nº 2, 3 y 7 (+ SCHUBERT). Pinchas Zukerman, violín. Daniel Barenboim, piano. Ermitage. 1 CD. Grabación: 1971.

· Sonatas para violonchelo. Variaciones Haendel, Mozart y "Ein Mädchen oder Weibchen". Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 2 CDs. Grabación: 1970.

· Tríos con piano. Allegretto para piano y cuerdas. Variaciones Kakadu. Pinchas Zukerman, violín. Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 3 CDs. Grabación: 1969-70.

· Trío para piano, violín y violonchelo núm. 5, "Espectro" (+ ELGAR; incluye documental “Jacqueline du Pré in Portrait”). Pinchas Zukerman, violín. Jacqueline du Pré, violonchelo. BBC Opus Arte. 1 DVD. Grabación: 1970.

· Sonata para trompa y piano. Myron Bloom, trompa. Daniel Barenboim, piano. Trío para flauta, fagot y piano*. Michel Debost, flauta. André Sennedat, fagot. Daniel Barenboim, piano. Deutsche Grammophon. 6 CDs (vol. 14 de la edición de las obras completas de Beethoven). Grabación: 1977, 1980*.

· Trío con clarinete (+ BRAHMS). Gervase de Peyer, clarinete. Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 1 CD. Grabación: 1970.

· Quinteto con piano (+ MOZART). Hansjörg Schellenberger, oboe. Dale Clevenger, trompa. Larry Combs, clarinete. Daniele Damiano, fagot. Daniel Barenboim, piano. Erato. 1 CD. Grabación: 1993.


Discografía recopilada por Fernando López Vargas-Machuca, con la colaboración de Ángel Carrascosa Almazán.

PS. Hasta hoy (16/05/2017) he cometido el error de datar las Diabelli de Erato en 1994, cuando en realidad se registraron en la Philharmonie de Múnich al mismo tiempo que la filmación televisiva editada en DVD. Mil perdones.

viernes, 23 de julio de 2010

Boccanegra con Domingo y Pappano

Hasta ahora no había escuchado ninguna de las retransmisiones de Simon Boccanegra con Plácido Domingo encarnando el rol titular, ni la de Levine ni la de Barenboim. Pero por fin me he parado a escuchar una, la más reciente, que se corresponde a la función ofrecida por las huestes del Covent Garden, en versión semi-escenificada que incluía vestuario, en los BBC Proms de este año, concretamente el pasado domingo 18 de julio. Todo ello bajo la batuta del titular de la casa, Antonio Pappano, y con el mismo elenco que días atrás ofrecía esta maravillosa obra maestra en la Royal Opera House, solo que en esta ocasión ante la audiencia multitudinaria del Royal Albert Hall. La función se puede escuchar íntegramente en la web de la BBC (enlace) y también se encuentra disponible en los lugares de siempre de la red. Aquí va mi opinión, en pocas líneas.

Domingo me ha parecido sensacional. La voz –de tenor y no de barítono, no hace falta insistir en ello– es la de siempre, bellísima y timbrada, sin pérdida de armónicos ni rastros de trémolo. No diré que es la voz de un joven, pero tampoco lo es la de un señor de sesenta y nueve (o más…) años. El Domingo de ahora suena al Domingo de los ochenta, lo que resulta poco menos que milagroso. De fiato cortito, sí, pero no se ha notado aquí tanto como en el (aun así, espléndido) Siegmund valenciano que ya comenté en su momento (enlace). La dicción, admirable. El fraseo, de libro. Y la manera de matizar en lo canoro para construir el personaje, matizando hasta el infinito pero sin necesidad de caer en histerismos ni en lo lacrimógeno, es la propia de un grandísimo artista. Domingo ofrece ópera con mayúsculas, ópera al servicio del compositor, de su música y de sus personajes, y no del divo de turno. ¿Que la voz no es la idónea para el personaje? De acuerdo, pero el tenor madrileño sirve a Verdi con mucho más estilo, mucha más emotividad y mucho más arte que buena parte de los barítonos verdianos “auténticos” que circulan por ahí.

No me ha interesado Marina Poplavskaya como Amelia, poco sutil y no muy holgada en lo canoro. Mejor en todo caso el correcto Gabriele Adorno de Joseph Calleja. Bien el Paolo de Jonathan Summers. Y Ferruccio Furlanetto tiene la voz ya muy cascada, sí, pero su arte es muy grande: los abucheos que al parecer le propinaron en La Scala a su Fiesco no me parecen justificados. Y magnífica la dirección de Pappano, que no es reveladora, ni personal, pero sí sincera, emotiva y –sobre todo– muy verdiana, con el punto justo de rusticidad y electricidad que requieren las partituras del genial compositor, pero también con el refinamiento que demandan pasajes como la bellísima introducción al acto I y, desde luego, con la atmósfera opresiva que se respira a lo largo de todo el drama. Lástima que la orquesta y los coros londinenses no estuvieran esa noche muy allá.

Tchaikovsky, Rimsky y Borodin por Van Immerseel

Me dicen unos sabios colegas que Jos van Immerseel es grande. Bien, me he puesto manos a la obra y he vuelto a escuchar con atención el disco Tchaikovsky que, grabado con espléndida toma sonora en Bruselas el 6 de septiembre de 2000, editó el sello Zig-Zag y difundió en España el diario El País en esa colección que, dicho sea de paso, inyectó no poco dinero a la distribuidora Diverdi. Y también me he escuchado el compacto registrado en junio de 2004 en Brujas con las obras más conocidas de Borodin y Rimsky Korsakov. Repertorio ruso para el músico flamenco, pues, para interpretar al frente de su orquesta de instrumentos originales Anima Eterna y con la declarada intención de decir cosas nuevas sobre estas obras tan manoseadas en las que a veces, en palabra del propio Van Immerseel, “se puede escuchar cómo la tradición y la rutina conducen a la deformación”.


Me ha gustado la suite de El cascanueces. Salvo una danza oriental más bien sosa, poco sensual y con poca atmósfera, y un vals sin especial encanto, nos encontramos ante una notable recreación, cuidada y muy bien tocada, que necesita mayores matices, más creatividad y más compromiso expresivo para llegar a esa excepcional que alcanzan un Rostropovich o un Celibidache. La Cuarta del propio Tchaikovsky ofrece menos interés. El primer movimiento resulta deslavazado, alternando momentos logrados con otros sin pulso: hay que planificar mejor las tensiones e inyectar más rebeldía. El segundo es correctísimo pero se muestra por completo indiferente en lo expresivo; al menos no hay blanduras ni amaneramiento. Al scherzo le faltan desparpajo y sentido del humor. El cuarto está bien, no cae en efectismos, pero de ahí no pasa. En suma, una versión correcta, que no saca los pies del plato pero que termina aburriendo de manera considerable. Nada que ver con lo que lograron Abbado y Karajan con la Filarmónica de Viena, o Böhm con la Sinfónica de Londres.


En Scheherezade el trazo es cuidadoso, la orquesta responde muy bien –excelente el violín de Midori Seiler- y la batuta procura equilibrar brillantez, sensualidad y refinamiento en su grado justo, mas la poesía no aparece por ningún lado: el resultado es de una frialdad glacial. Hacen falta imaginación, efusividad, colorido, entusiasmo... Justo lo que consiguen Reiner, Rostropovich y Kondrashin, firmantes de las que para mí son las interpretaciones señeras. Con La gran Pascua Rusa la orquesta tiene la oportunidad de lucir su virtuosismo, al tiempo que la batuta evidencia otra vez su aséptica corrección. La cosa no mejora en Borodin, con unas Danzas Polovtsianas dignas sin más y unas Estepas del Asia Central cuadriculadas, insípidas y soporíferas.

¿Y dónde queda el uso de los instrumentos originales? Miren, me gusta el sonido de las arpas decimonónicas y los metales históricos aportan un colorido interesante en La gran Pascua Rusa, pero no me parece que el uso de esta sin duda espléndida orquesta que es Anima Eterna nos descubra gran cosa ni desde el punto de vista tímbrico ni en lo que al equilibrio de planos se refiere, porque al final es lo que escuchamos es, paradójicamente, lecturas presididas esa rutina contra la que dice actuar el director. Van Immerseel será grande, pero en este repertorio a mí no me lo parece. Ni tampoco en Beethoven, ni en Schubert ni en Liszt, dicho sea de paso. De momento me quedo tan solo con su Ravel, del que ya hablé positivamente en este blog (enlace).

martes, 20 de julio de 2010

Domingo, un artista con clase

Acabo de ver a Plácido Domingo ofreciendo en directo una entrevista en el Telediario de Televisión Española. Y qué quieren que les diga, mi admiración por el artista no ha hecho más que aumentar. ¿Que es un pesetero de mucho cuidado y que ha hecho muchísimas tonterías solo por el vil metal? Pues sí, para qué negarlo, aunque hasta para hacer tonterías (la última, el disco del Papa) ofrece un trabajo de calidad.¿Que tiene una agenda increíblemente apretada? Pues qué alegría que sus fuerzas se lo permitan. ¿Que hace exhibición de sus simpatías políticas por el PP? Pues sí, y muy bien que hace porque todo el derecho del mundo tiene a apoyar sus ideas, al igual que otros artistas no dudan en vincularse públicamente a la izquierda (aunque luego sean mucho más atacados por ello estos últimos, léase Carlos Álvarez o Barenboim, que los conservadores). ¿Que le gustan bastante los buenos placeres de la vida? Coño, y a quién no. ¿Que su canto está lleno de trucos y ha consagrado de manera oficial esa supuesta desviación de las esencias tenoriles de los años veinte, treinta y cuarenta? Eso ya no lo tengo nada claro, más bien todo lo contrario, aunque como por ahí hay grandes expertos en voces que así lo afirman (especialmente en España, y no necesito citar nombres), vamos a dejarlo en el terreno de la eterna discusión.

Pero lo que nadie debería discutir a estas alturas es que Domingo es un artista con clase. ¿Y qué quiere decir esto? Pues que a pesar de que cobre lo suyo y de que en un momento dado pueda imponer las condiciones derivadas de su agenda, jamás ha ido de divo caprichoso o haciendo gala de su ego. Nunca tiene problemas con las batutas, con los compañeros ni con los directores de escena (sobre la espantá del mega-divo Giancarlo del Monaco en el Boccanegra habría mucho que hablar). Nunca ha tenido una palabra mala sobre nadie, algo verdaderamente insólito en el mundo artístico. Nunca le ha tomado el pelo al personal con un trabajo mal hecho (otra cosa es que los resultados gusten más o menos). Nunca ha ido presumiendo de facultades que no posee (nada que ver con Kraus, a quien escuché en sus últimos años afirmar literalmente que su voz estaba mejor que nunca, cuando era todo lo contrario). Jamás cancela, salvo causar de fuerza mayor como el cáncer que tuvo que superar hace pocos meses. Y cuando termina la función aguanta en los camerinos hasta la última petición de firma con paciencia estoica y una enorme educación.

La misma educación de que por cierto ha hecho gala en la entrevista del Telediario, tanto al hablar de fútbol como al aconsejar a los telespectadores continuos chequeos médicos, o a la hora de mandar un recuerdo a María Bayo y a otros compañeros galardonados en los Premios Nacionales de Cultura, o felicitar a los españoles que están a punto de entrar en la Universidad, procurando enlazar –qué gran profesional- con las noticias que se acababan de ofrecer. O al promocionar, siempre sutilmente y con habilidad, la colocación de una pantalla gigante en el exterior del Teatro Real para ver al aire libre la función del Simon Boccanegra del próximo domingo 25 de julio. Allí estaremos los (ignorantes, borregos, fanáticos, descerebrados… táchese lo que no proceda) que pensamos que Plácido Domingo es, a sus cerca de setenta años oficiales, uno de los más grandes cantantes de los últimos cien años. Y desde luego uno de los que han mostrado más clase.

lunes, 19 de julio de 2010

El Tic Tac del Festival de Granada

Los que frecuentamos el Festival de Música y Danza de Granada sabemos lo complicadísimo es que hacerse con las entradas para el mismo. Hasta ahora el asunto lo llevaba en internet la empresa Generaltickets, con resultados no precisamente satisfactorios, toda vez que en el momento en que se ponían a la venta el servidor se colapsaba y los desesperados melómanos nos la veíamos y las deseábamos para pillar una entrada, sufriendo esa espantosa tortura que es esperar largos minutos para superar la pantalla en blanco y encontrarse luego con que, una vez seleccionados los asientos y hasta introducidos los datos de la tarjeta, teníamos que empezar de nuevo… para descubrir superados de nuevo los obstáculos que el número de localidades disponibles era cada vez menor. Así una y otra vez hasta que se pillaban asientos… o no. En más de una ocasión he tenido que recurrir a buscar una entrada en la puerta, lo que resulta no poco fastidioso habida cuenta de que los que somos de fuera tenemos que desplazarnos y hacer la reserva del alojamiento.

Para la edición de 2010 la organización decidió, supongo que para probar fortuna y no sé si también para ahorrar gastos de gestión, buscar los servicios de otra empresa, Tick Tack Tickets. Los resultados han sido… ¡considerablemente peores! Para empezar te obligan a estar registrado previamente: un paso fastidioso e innecesario que con Generaltickets no había que dar. Claro que eso es una minucia en comparación con la tortura sufrida cuando salieron las entradas, pues aparece una larga lista de espera de esas de “es usted el número tal en la lista” que, a diferencia de lo que ocurre con la cola internáutica del Covent Garden, te dice que hay que empezar de nuevo cuando llega tu turno. ¡Y eso que probé con tres ordenadores diferentes, uno al lado del otro! El mismo suplicio sufrieron los amigos que intentaban sacar al mismo tiempo sus localidades. Al final pude conseguir todas las que deseaba (los tres conciertos de Barenboim que ya he comentado en este blog), aunque no desde luego en las ubicaciones que pretendía: mientras Generaltickets te mostraba en pantalla los asientos disponibles, estos te asigna automáticamente la localidad en la zona seleccionada.

Tiempo después llegó una disculpa por email –el caos fue terrible, evidentemente-, pero el gesto sirvió de poco porque la chapuza no quedó ahí. Al pasar unas semanas recibo un recordatorio de que debo recoger las entradas pendientes: no en el Corral del Carbón o en el Carlos V, como hasta ahora, sino en una serie de establecimientos concertados por Tick Tack a tal efecto, entre ellos los Carrefours o Viajes Halcón. Vale. A los pocos días me envían un e-mail que me dice que el anterior aviso me llegó quizá por un error informático, y que es posible que no tenga entradas para recoger. Me mosqueo. Voy a la web, introduzco los datos de la compra y efectivamente me indican que no tengo entradas. Me mosqueo más. Llamo al teléfono de atención al cliente: “¿quiere usted hablar en castellano, catalán o suajili"?” Escojo la primera opción. “Marque el uno para comprar entradas, marque el dos para consultas, marque el sesenta y nueve para…” Mientras tanto el 902 sigue cobrando. Finalmente una vocecilla pregrabada me pide que recite con voz clara mi nombre, mis datos y el motivo de mi queja... que ya me llamarán. Mi mosqueo no tiene límites. Les pongo un e-mail. Me contestan muy correctamente al cabo de unas horas, se disculpan por los problemas informáticos (“periodo de pruebas”, dicen) y me dan un enlace en el que puedo ver mis entradas. Ohimè, respiro.

El día del primer concierto me voy con tiempo suficiente para parar en el Carrefour de Úbeda y recoger físicamente las entradas. De las señoritas de atención al cliente dos no parecen saber nada, pero la tercera me dice que ese servicio solo se ofrece en los Carrefours con agencia de viajes; el más cercano, el de Granada. En fin, al menos he aprovechado para cambiarle el agua al canario. Tras dos horas más de conducción llego a la ciudad del Darro. Hace una calor de muerte, pero en lugar de meterme en la piscina del hotel (joderrrr, con lo bien que se estaría allí) me voy andando a la oficina de Halcón Viajes más cercana, la de la calle Recogidas. La canícula aprieta. La chica de la agencia me dice que sólo despachan tickets del festival en horario de mañana, que acuda al Corral del Carbón… “pero ojo, que cierra a las siete”. Subo la calle y voy al despacho de toda la vida. Allí me entregan amablemente mis entradas, me confirman la impresión que tuve un rato antes de que en Halcón Viajes de Recogidas estaban actuando a su bola, y me reconocen que no soy precisamente el primer cliente en quejarme. Me agradecen la queja, porque solo reclamando se consigue que las cosas funcionen. Esto de acuerdo, pero como no me pareció suficiente les cuento esta historia en mi blog para poner un granito de arena más que evite que el año que viene ese desastroso servicio de venta de entradas haga sonar su explosivo Tick-Tack sobre la cabeza de un festival del calibre del de Granada. Al menos esa tarde la pude terminar, finalmente, con un refrescante chapuzón en la piscina.

sábado, 17 de julio de 2010

Barenboim en Granada 2010: Chopin, Beethoven, Bruckner

Me había dejado adrede en el tintero el comentario de los tres últimos conciertos sinfónicos del 59 Festival de Música y Danza de Granada, con la esperanza de pillar alguna grabación radiofónica –estaban allí los micrófonos de Radio Clásica- y repasar las interpretaciones antes de escribir, pero como hasta ahora no ha sido posible localizar nada y ya se me están marchando las ideas de la cabeza, me animo finalmente a decir algo sobre los referidos espectáculos, no sin adelantar que este ha sido uno de los años en los que más han brillado globalmente las interpretaciones de Daniel Barenboim y una Staatskapelle de Berlín en mejor forma que nunca. Y que la mayor parte de las obras ofrecidas en el fin de semana granadino se pudieron escuchar pocos días antes en el ciclo de Ibermúsica en el Auditorio Nacional de Madrid, en un par de conciertos que Ángel Carrascosa ha tenido la ocasión de comentar en su blog (enlace).


Chopin

No es en principio el polaco el compositor más adecuado a las características interpretativas del de Buenos Aires, pero como ya demostró en su interpretación de los dos conciertos junto a la Filarmónica de Berlín que hemos podido ver a través de la Digital Concert Hall (enlace), ha sabido enriquecer su pianismo para ofrecer no solo la pasión, la tensión sonora y el carácter dramático que en él son habituales, sino también una buena dosis de ese lirismo “femenino” (perdón por el tópico), delicadísimo y ensoñado sin bordear en momento alguno lo amanerado, que debe incluir toda buena recreación chopiniana. Ni que decir tiene que el fraseo barenboiniano es de una naturalidad pasmosa, que la riqueza de su sonido es enorme, que los trinos –como ocurre con su Beethoven- rehúyen por completo de lo mecánico para alcanzar una inmensa expresividad, que su sentido del humor ofrece más que elegancia una rusticidad aquí muy adecuada y que, por descontado, su visión de las partituras chopinianas ofrece un profundísimo sentido humanista que solo los más grandes han sabido alcanzar.

La Staatskapelle de Berlín, que sonó esa noche del viernes nueve de julio de manera bellísima y sin mácula alguna, estuvo dirigida por un Julien Salemkour que comenzó algo nervioso con el Segundo Concierto (el primero en el tiempo, como es sabido, y el de menor valía) y poco a poco se fue centrando para ofrecer una lectura ortodoxa y muy solvente. El Primer Concierto, que fue el único que se ofreció en Madrid, estuvo en mi opinión mejor dirigido, aunque me sobró algún portamento en el tercer movimiento.

El éxito entre el público fue inmenso (con toda justicia) y Barenboim se animó a dar dos propinas. La primera fue su habitual Nocturno op. 27, nº 2. ¿Alguien lo ha interpretado alguna vez con semejante concentración y tan conmovedora belleza? Lo dudo. La Polonesa Heroica que vino después debió de hacer las delicias de los numerosos beckmessers que odian al artista, ya que su endiablada dificultad técnica dejó en evidencia algunas limitaciones –meramente digitales- de Daniel Barenboim. A mí no fue eso lo que me impresionó, sino la enorme fuerza, creatividad y lógica musical del de Buenos Aires, que enunció el celebérrimo tema principal de manera mucho menos enfática y más lírica de lo habitual para ir acumulando progresivamente tensiones hasta alcanzar un final abrumador. ¿Y de qué se trata, señores? ¿De dar todas y cada una de las notas con una limpieza impecable o de hacer música? Porque para lo primero ya hay por ahí muchos jovencitos con siete dedos en cada mano y muy pocas cosas interesantes que decir en lo expresivo. Pero para lo segundo…

Beethoven

La noche del sábado se abrió con sorpresa, pues estaba prevista únicamente la interpretación de la Sexta de Bruckner (en Madrid la sinfonía se hizo con el Primero de Chopin) y nos encontramos con que Barenboim se había animado a tocar y dirigir el Cuarto Concierto de Beethoven. Es decir, la más grande de las obras concertantes de su autor en manos del más grande recreador del universo beethoveniano que se haya conocido. ¿Qué les podría yo decir a estas alturas, aparte de que el estilo fue perfecto, la sinceridad absoluta, la profundidad admirable y enorme la riqueza expresiva? Bueno, pues diría que –al menos esa fue mi impresión y la de mi melómano acompañante- se trató en esta ocasión de una lectura más “clásica” que otras que nos ha ofrecido el artista, quizá esta vez menos atento al detalle (los mismos acordes iniciales sonaron algo expeditivos), menos visionario y más preocupado por la elegancia, la naturalidad, la transparencia, el equilibrio expresivo, la delicadeza… No sé, son matices sin importancia, porque el conjunto me pareció una versión de una belleza, una cantabilidad y una riqueza expresiva abrumadoras, con un segundo movimiento –qué música tan breve y tan genial- que fue auténtica marca de la casa y un tercero lleno de brío. Fabulosa la orquesta, no solo por su musicalidad (la cuerda, para derretirse) sino también por su adecuadísimo sonido. Total, una interpretación que hoy día ni un solo pianista (¡o director!) es capaz de superar… o de alcanzar siquiera. Tremendo.

Bruckner

Hace dos años ofreció Barenboim en el Carlos V –complicada acústica- las sinfonías nº 7, 8 y 9, y lo hizo con resultado magistrales, sobre todo en las dos últimas (enlace). La Cuarta del año pasado (enlace), siendo muy personal y bastante notable, pilló al de Buenos Aires un tanto desconcentrado: nada que ver con la tremebunda recreación grabada unos meses antes que ha comentado Carrascosa en su blog (enlace). En este 2010 el nivel ha vuelto a recuperarse, muy particularmente con una Sexta de quitarse el cráneo, que diría Valle-Inclán. Escuché pocos días antes su primera grabación de la partitura, la que realizó en 1977 para DG, y se maravilla uno de cómo se ha enriquecido el Bruckner de Barenboim. El concepto es el mismo, mucho antes dramático que épico y bastante más amargo que lírico, además de ajeno a cualquier tipo de misticismo: es comprensible que no convenza a determinadas sensibilidades. En cualquier caso ahora la arquitectura está muchísimo mejor controlada, porque el artista es ya capaz de dominar el enorme fuego interior que alienta sus interpretaciones con una planificación más cerebral y un fraseo más concentrado, sin que haya lugar a caídas de pulso ni a precipitaciones. Claro que lo más interesante es como, sin perder nervio, visceralidad y garra dramática, hay ahora una dosis mucho mayor de sensualidad y hasta voluptuosidad, muy especialmente en un segundo movimiento paladeado con delectación y un increíble dominio de la agógica. Pese a algunos fallos ostensibles (para un alemán debe de ser una tortura empezar una obra como esta a las 11:40 de la noche), la orquesta rindió a un gran nivel y, tratada con asombrosa plasticidad por parte de la batuta, se mostró como ideal para semejante repertorio.

La clausura del Festival se realizó la noche del domingo 11. A pesar de que las entradas volaron en el momento de ponerse a la venta, faltó aproximadamente un veinte por ciento del público: la presencia de la selección española en la Mundial de fútbol era demasiada competencia. Y también fue una molestia para la interpretación de la Quinta Sinfonía, porque desde que en un pianísimo del primer movimiento se escuchó un tremendo berrido en el exterior del Carlos V (algo así como “goooooooooooool”), los cohetes se sucedieron, el público se distrajo y hasta el propio Barenboim parecieron perder un poquito la concentración. No sé si fue en parte por ello por lo que nuestro artista se despachó el segundo movimiento, que siempre ha hecho un tanto rápido, en aproximadamente quince minutos (17’18’’ le duró en su registro de Chicago y 16’20’’ en el de Berlín). La verdad es que me hubiera gustado más paladeado y, por qué no, con una dosis de “misticismo” que esta página en concreto parece pedir y que Barenboim, como Klemperer, está siempre decidido a regatear. Hubo en su lugar, eso sí, una enorme tensión y un aliento anhelante de lo más atractivo dentro de una lectura visión eminentemente rebelde, muy tensa en los movimientos extremos, por momentos de una locura visionaria al borde del descontrol y siempre muy sincera, amén de muy atenta a la polifonía. Impresionante en este sentido la sonoridad empastadísima pero también muy clara de la Staatskapelle, que pese a algún accidente puntual rindió a nivel aún superior al de la noche anterior. Total, una Quinta de Sobresaliente y una Sexta de Matrícula de Honor, más un Chopin sensacional en lo que a la parte del piano respecta. Para no olvidar. El año que viene, las tres primera sinfonías oficiales de Bruckner para completar el ciclo.

jueves, 15 de julio de 2010

El último bodrio de Gardiner: Carmen on period instruments

El pasado lunes pude ver a través del canal Mezzo una filmación de morbo indudable: la Carmen “con instrumentos originales” que ofreció al frente de su Orchestre Révolutionnaire et Romantique Sir John Eliot Gardiner en el mismísimo lugar para el que Bizet escribió su ópera inmortal, la Opéra Comique de París, en un presunto intento de devolver a sus raíces la genial partitura. El registro corresponde al 29 de junio de 2009, poco después de que el británico y sus huestes ofrecieran su particular visión en el Festival de Granada entre el aplauso de la crítica y el público.

Bueno, ¿y cómo es eso de “devolver a Carmen su espíritu original”? Pues a tenor de lo escuchado, el asunto consiste en ir siempre de prisa y corriendo, tocar todo del mezzoforte para arriba, frasear con rigidez marcial, eliminar con la sequedad “made in Gardiner” todo rastro de sensualidad o lirismo de la obra y, por descontado, no pararse a matizar en lo expresivo. O hacerlo sacando los pies del plato, claro, preferentemente con forzadísimos ritenuti. El catálogo de horrores que nos ofrece el británico es interminable, pero me gustaría destacar -negativamente- todos los preludios e interludios y, sobre todo, el desfile de toreros del último cuadro. Que la articulación ofrezca aquí y allá elementos historicistas ni quita ni aporta nada a la partitura, y la utilización de instrumentos originales no pasa de la mera anécdota. El Coro Monteverdi canta con indiferencia expresiva y no siempre con la perfección absoluta a la que nos tiene acostumbrados.



Habrá quienes hablen de frescura, de inmediatez, de “limpieza de la polución wagneriana”, de saludables nuevos puntos de vista, de renovación… ¿Pero dónde está la renovación, señor Gardiner, cuando lo que aquí se oye a quien recuerda es a los Levine, Frühbeck y compañía? Mucho morro es lo que usted tiene, porque si esto mismo lo hiciera un Ros-Marbá, un López Cobos, un Pedro Halffter, un Gómez Martínez, un García Asensio o un Víctor Pablo, le lloverían los abucheos. Pero claro, con tantos aficionados que detestan la música del XIX (muy “burguesa”, ya se sabe) y que creen haber encontrado en usted y en gente como los Norrington, los Van Immerseel y demás a sus particulares mesías que les hacen "llevadero" este repertorio… pues así cualquiera.

Y que no me vengan, por favor, con que Gardiner ha recuperado el "sabor francés". Si quiero escuchar una Carmen francesa ahí están, por poner dos ejemplos muy distantes entre sí, Thomas Beecham y Yannick Nézet-Séquin (este último muy pronto en DVD). Si quiero una Carmen alemana, ahí está Barenboim. Si quiero un experimento radical, ahí está la genialidad de Bernstein. Si quiero una Carmen-Carmen, pues ya saben, los Abbado, Karajan y compañía. Pero lo de Gardiner no es más que una monumental tomadura de pelo.

Lo único que tiene interés, ahí sí, en la labor de Sir John es su afán en abrir cortes habituales. No es frecuente escuchar completo el duelo entre Don José y Escamillo, por ejemplo, aunque más interés tiene una larga intervención de Morales -después de la primera aparición de Micaela y justo antes del coro de niños- que no se hace nunca (si quieren escucharla, visualicen el enlace de Youtube ofrecido arriba y acudan a los dos últimos minutos del clip). Lo que no entiendo, en cualquier caso, es que con semejante afán arqueológico no se ofreciesen los recitativos en su integridad.

Sobre la dirección escénica no sé muy bien que pensar. Adrian Noble tuvo que enfrentarse a un espacio extremadamente reducido y a una obra sobre la que circulan demasiados tópicos, lo que complica mucho las cosas. Al final optó por un escenario único de forma semicircular (un ruedo, qué original) con gran espejo trasero que sube y baja (también muy original), cuidada iluminación y vestuario heterogéneo para ofrecernos una Sevilla llena de moros vestidos a la marroquí (incluido Lilas Pastia), soldados de cuyo cuello cuelga una chapa de esas de los marines, paseantes leyendo El País y gitanas de piernas muy abiertas que se refriegan con los transeúntes. Lo de siempre, vamos. Pero claro, visto lo que hay que verse por ahí, hay que agradecerle al director británico una magnífica dirección de actores y masas y un gran respeto por los planteamientos y situaciones de la obra original. Al menos había teatro, y teatro al servicio de la partitura, no de las ocurrencias del director de turno.

Triunfo de la Antonacci
Aunque mucho menos bien acompañada desde el foso que en su filmación de 2006 en el Covent Garden, Anna Caterina Antonacci ofrece una memorable encarnación de la gitana. Es verdad que su voz -de buenísima calidad- es demasiado lírica y no muy sensual, que hay algunas desigualdades y que en la escenas de las cartas se queda corta, pero la cantante italiana comprende el personaje y sabe trasmitir en lo vocal sus diferentes pliegues expresivos sin caer en la excesiva finura (lo siento, a mí nunca me entusiasmaron De los Ángeles y Berganza) ni en el tópico arrabalero. Como actriz me parece sensacional: excepción hecha de la Migenes-Johnson, no recuerdo haber visto una Carmen mejor actuada. Ayudan a la Antonacci un rostro bellísimo y un escote de infarto.



No conocía de nada a Andrew Richards, por lo que me he llevado una grata sorpresa: la voz del norteamericano es bonita (habría que comprobar en directo su volumen y proyección), está bien manejada y aguanta con dignidad las exigencias del último acto. El artista canta con gusto, no recurre a histrionismos y se mueve con corrección. A mi modo de ver, es el suyo un Don José más completo que el de Kaufmann y mucho más soportable que el del actual Alagna. Anne-Catherine Gillet, de voz bonita y musical, hace una Micaela muy aniñada sin llegar a la cursilería. Nicolas Cavallier, finalmente, ofrece un Escamillo muy tosco en general y ridículamente engolado en su breve aparición en el desfile de la Maestranza. El resto, discreto.

Mi recomendación es, en cualquier caso, que echen ustedes un vistazo a los clips aquí incluidos (pueden ver la función entera en Youtube) y que saquen conclusiones por sí mismos. Y si les gusta lo que oyen, recen para que la función aparezca en Blu-Ray, porque se filmó en alta definición.

lunes, 12 de julio de 2010

El crítico, el pulpo y nuestro país de gilipollas

Llevo ya unos cuantos años comprobando el penoso nivel de la crítica musical granadina. No es que se llegue al patetismo de lo que se lee en los dos diarios de Jerez de la Frontera sobre el Villamarta o en algunas páginas de la prensa sevillana sobre el Maestranza, pero salvando alguna honrosísima excepción, que la hay, los señores críticos de Granada deberían dedicarse a otra cosa. A escribir de fútbol, por ejemplo, que ahora eso tiene mucho juego.

Viene estoy a cuento por la crítica (no crónica, sino crítica con todas las de la ley) que leí en uno de los diarios señeros de la ciudad el Darro sobre el concierto de Barenboim con obras de Chopin en el Carlos V. Lo ponían por las nubes, sí, como –a mi modo de ver- se merecía, pero sin hacer crítica propiamente dicha, es decir, sin decir nada interesante sino limitándose a hilvanar una ristra de tópicos. El señor crítico ni siquiera supo reconocer que las propinas (“dos páginas muy significativas del mejor Chopin”, escribió quedándose tan ancho después de líneas y líneas de texto) eran un nocturno y una polonesa respectivamente.

Pero claro, ¿qué se puede esperar de un diario que dedica el cien por cien de su portada de ese día a, agárrense, una foto del pulpo ese de marras del que muchísima gente ha estado pendiente? Cada día tengo más claro que nuestra prensa diaria es basura y que estamos –no hay más que fijarse en el desgobierno del PSOE, en la virulencia cada día más antidemocrática del PP, en las estúpidas convulsiones nacionalistas catalanas y en el pulpo- en un país de gilipollas.

Ensemble Residencias en el Festival de Granada

En esta recta final del 59 Festival de Música y Danza de Granada en la que –ya hablaremos de ello- ha triunfado por todo lo alto el talento inmenso de Daniel Barenboim, el Ensemble Residencias ha ofrecido dos conciertos matinales en el Hospital Real consagrados a la música española latinoamericana de los últimos decenios. El de anteayer sábado, al que no asistí, ofrecía obras de compositores ya fallecidos: Julián Bautista, Silvestre Revueltas, Julián Orbón, Carlos Chávez y Alberto Ginastera. El de ayer domingo 11 de julio presentaba páginas escritas en estos dos últimos años y dos estrenos mundiales.

Me gustó muchísimo la obra que abría el programa, Manantial de luz del zaragozano Jesús Torres (n. 1965), un encargo del CDMC estrenado en 2007 y grabado por el sello Kairos en un compacto que fui derechito a comprar –en el mostrador que coloca Festival Discos- una vez acabado el concierto. Una obra rica, variada, riquísima y seductora en el color –admirables las intervenciones "impresionistas" del piano-, que siendo muy "moderna" en su lenguaje sabe ser perfectamente comunicativa y de un nada postizo eclecticismo que triunfó plenamente en su integración de elementos tímbricos y rítmicos de lo más dispares. Se aplaudió mucho, con toda la razón.

Poco me interesó el Trío nº 3 "Romántico" del puertorriqueño Roberto Sierra (n. 1953), música bien escrita que se escucha con agrado, pero que me parece demasiado convencional en su fusión de rasgos digamos contemporáneos con ritmos y acentos melódicos latinoamericanos. En cualquier caso el Trío Arbós (parte integrante del Ensemble Residencias junto con el grupo Neopercusión) lo defendió con indudable convicción.

Fue muy aplaudido el estreno del joven Miguel Gálvez-Taroncher (n. 1974). En mi opinión Del dolor doblegado o 12 episodios y un poema de Cortázar no es una página redonda, y de sus doce breves secciones (la obra ronda los veinte minutos) no todas me interesaron por igual, pero el valenciano hizo gala no solo de un enorme dominio de los recursos –fascinante el momento el que el clarinete se funde con la flauta-, sino también de una amplia imaginación y de un gran deseo de resultar personal. El final –para disfrutarlo mejor cerré los ojos- me pareció de lo más sugestivo.

Voluntariamente ruidosa, aristada y agresiva resultó ser la otra página encargada por el festival, Oddúa. Liturgia de la creación, toda vez que en sus combinación de ritmos africanos y secuencias estáticas se intentaba hacer referencia al mundo de la santería caribeña. La influencia de Xenakis se hacía por lo demás bastante evidente en esta obra del cubano Louis Aguirre (n. 1968), aunque a mí personalmente el resultado no me terminó de resultar sugestivo, y eso que el Ensemble Residencias (fabulosos los miembros de Neopercusión) realizó un trabajo sensacional bajo la dirección –me parece a mí que portentosa- del propio compositor.

Una cosilla más: me parece perfecto que un festival internacional de la categoría de éste encargue obras a artistas interesantes del panorama actual, pero si después los conciertos no se retransmiten por la radio, la labor cae en saco roto. ¿Por qué demonios no estaban en esta ocasión los micrófonos de Radio Clásica? Sean quienes sean los culpables, gravísimo error.

jueves, 8 de julio de 2010

Paavo Järvi y la Quinta de Prokofiev

Encontré en una tienda madrileña de segunda mano esta Quinta de Prokofiev, grabada en marzo de 2007 por el sello Telarc junto con la habitual suite de El teniente Kijé. Decidí llevármela por dos motivos. Uno, que soy coleccionista de grabaciones de esta partitura que adoro: treinta y cuatro versiones cuento ya en mi discoteca. El segundo es mi interés por la figura de Paavo Järvi, un señor al que le he escuchado muy poco (ahora estoy con su integral Beethoven) y cuyo valor todavía no tengo muy claro. La audición me ha servido para calibrar un poco mejor sus virtudes e insuficiencias.

Lo mejor de esta Quinta es sin duda el certerísimo sonido Prokofiev que obtiene de la Sinfónica de Cincinnati, evidente sobre todo en ese peculiar tratamiento “carnoso” y algo digamos “burlón” de las maderas. Pero también hay que elogiar, aparte del buen pulso general y de la ausencia total de efectismos, la admirable claridad con que está desmenuzado el entramado orquestal, hasta el punto de que en esta recreación se escuchan cosas que generalmente pasan desapercibidas. En este sentido, un gran trabajo de Järvi junior.

¿Limitaciones? A mí me parece que el director no termina de comprometerse en lo expresivo con la obra. El primer movimiento, por ejemplo, tarda un tanto en arrancar, aunque al final ofrece unos clímax lo suficientemente logrados. El tercero no resulta todo lo atmosférico y opresivo que debiera, si bien ofrece detalles aristados de gran interés. Y los movimientos pares están muy bien, pero terminan siendo un tanto impersonales: la referida claridad orquestal mantiene siempre nuestra atención, pero hace falta un poco más de creatividad para redondear el resultado.

Salvando frases líricas muy bellas en el segundo movimiento y una Troika bastante conseguida, la de El teniente Kijé es una versión tan correcta e idiomática como sosa, algo indiferente en lo expresivo, parca en el color y carente del sentido del humor y la frescura que debería. Así las cosas, de la audición de este disco se desprende que Järvi es un director con muchísima técnica pero sin demasiadas cosas que decir en el aspecto expresivo. En cualquier caso le seguiré prestando atención.

Una cosa más: a estas alturas de la película, Telarc no debería comercializar una grabación tan difusa y emborronada, plagada además de algunos leves “clicks” que son más propios de RTVE Música que de un sello de semejante prestigio. Supongo que en la versión en SACD la audición será más satisfactoria, pero aun así esta toma no es de recibo.

martes, 6 de julio de 2010

Sonatas de Shostakovich, mirando atrás

SHOSTAKOVICH: Sonata para violonchelo y piano Op. 40. Dos piezas para violonchelo y piano de la Suite de ballet nº 2. Sonata para viola Op. 147.
Michal Kanka, violonchelo. Jaromír Klepác, piano.
Praga, PRD/DSD 250264
63’59’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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De las tres sonatas que escribió Shostakovich se ofrecen en este Super Audio CD, grabado en Praga con espléndido sonido en diciembre de 2009, la primera y la última de ellas. En la Op. 40, una página de primera madurez (1934: es el año de su Lady Macbeth) en la que ya se consolidan muchos rasgos de su escritura de cámara, Michal Kanka al violonchelo y Jaromír Klepác al piano parecen paradójicamente mirar al pasado antes que al futuro. De este modo, en los movimientos impares de la Sonata para violonchelo optan por una visión antes lúdica y suavemente irónica que ácida, enlazando de este modo con el Shostakovich desenfadado de su juventud, mientras que los pares están teñidos de una melancolía alejada del puro nihilismo, sin llegar a caer en la blandura -hay, eso sí, algún portamento innecesario- ni en la superficialidad.

En la Sonata para viola, acongojante obra postrera que Kanka se atreve a tocar al chelo sin recurrir a la transcripción de Daniel Shafran, los artistas saben ofrecer intensa emoción pero de nuevo evitan el histrionismo y el exceso de amargura, hasta el punto de que en el Allegretto central se pueden escuchar ecos folclóricos y en el terrible final el compositor parece despedirse del mundo con serena y hasta consoladora dignidad.

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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2010 de la revista Ritmo.

domingo, 4 de julio de 2010

La primera Forza en discos

Verdi: La forza del destino
Maria Caniglia, Galliano Masini, Carlo Tagliabue, Tancredi Pasero, Ebe Stignani, Saturno Meletti, Ernesto Dominici.
Coro de Turín y Orquesta Sinfónica de la Autoridad Italiana de Radiodifusión, Turín. Gino Marinuzzi, director.
Naxos 8.110206-07
2 CDs. 153’ 39’’
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Como indica la carpetilla, uno de los principales atractivos de este registro realizado en mayo de 1941, la primera Forza que se conserva, es ser la única grabación operística completa del siciliano Gino Marinuzzi, director de relevancia en su momento que llegó a colaborar con el régimen fascista para velar por su hijo, recluido en un campo de concentración.

Dejando otros curiosos datos para quien lea las notas de la carpetilla -o la completísima página web de Naxos-, lo que aquí nos interesa es que Marinuzzi dirige muy bien: sin resultar especialmente imaginativo ni inspirado, el sonido cálido y denso que obtiene de la orquesta y la efusividad de su fraseo lo sitúan por encima de la rutina de foso de entonces y de ahora, y -por descontado- de la rigidez marcial de ciertos “grandes nombres” asociados a este repertorio.

Del extenso reparto sorprende su homogeneidad, algo particularmente difícil en este título. Sólo desentona un tanto el tenor Galliano Masini, cuya tendencia al gimoteo no siempre se ve solapada por sus alardes viriles. El buen nivel lo marcan, con sus consabidas virtudes e insuficiencias, los aún jóvenes Caniglia, Stignani y Tagliabue. Aplausos para la restauración de Ward Maston.

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Artículo publicado en el número de septiembre de 2002 de la revista Ritmo.

viernes, 2 de julio de 2010

Karajan en concierto: de Beethoven a Ravel

KARAJAN EN CONCIERTO. Obras de Beethoven Rossini, Wagner, Weber, Debussy, Rachmaninov y Ravel. Alexis Weissenberg, piano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Dir: Herbert von Karajan.
DG, 004400734399
2 DVDs 147’ (+60’ documental)
ADD
Universal
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Si el Karajan de los ochenta fue el más genial pero también el más proclive al amaneramiento, el de los setenta encontró el punto justo entre la contundencia y rigidez de sus primeros años y la flexibilidad y el refinamiento de los postreros; todo ello haciendo gala de su prodigioso sentido del color, de su técnica para obtener un perfecto empaste sin perder claridad y de una difícilmente igualable belleza sonora… pero también de su tendencia a no indagar en los significados expresivos.





Ejemplo de esta última carencia es el Segundo de Rachmaninov filmado en 1973: Karajan parece optar por lo melancólico pero el resultado es frío, a lo que contribuye un cuadriculado Weissenberg. Dos años después grababa poderosas y opulentas oberturas de Coriolano y Egmont, por encima de la media de su Beethoven habitual, una de Tannhäuser admirable, mucho menos blanda y pseudomística que su grabación digital, y otras de Guillermo Tell y El cazador Furtivo impresionantes, aunque aquí sí mejoraría aún los resultados más tarde. Y en 1978 filmaba una notable suite del Daphnis, un sensualísimo Fauno y una La mer opulenta y tímbricamente fascinante; recreaciones impresionistas no muy idiomáticas pero que por fortuna carecen de las sonoridades relamidas y de los efectismos de sus registros de los ochenta. Muy curioso el documental.

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Artículo publicado en el número de junio de 2008 de la revista Ritmo.