sábado, 16 de octubre de 2010

Vigencia de Mahagonny

Acabo de salir de la penúltima función del Mahagonny que ofrece el Teatro Real. No tengo mucho que añadir con respecto a lo que ya dije sobre la versión musical a partir de la retransmisión radiofónica (enlace). Debo señalar, en todo caso, que Elzbieta Szmytka se ha mostrado hoy menos insegura en lo vocal, y que en lo escénico suple su falta de volumen con otros volúmenes sin interés para el oído pero muy gratos para la vista; admirar, ya que no lo hice el otro día, el soberbio trabajo de John Easterlin como Jack O´Brien; apuntar que al Coro Intermezzo lo he encontrado hoy mejor, más seguro, aparte de muy esforzado en sus nada fáciles labores escénicas; y confirmar una vez más que Heras-Casado va a ser un nombre del que se hable mucho en el futuro tanto en las grandes salas de conciertos como en los teatros de ópera.

Sobre la propuesta escénica se ha escrito bastante, así que también me ahorro descripciones. Quien no sepa de qué va la cosa puede acudir, en cualquier caso, a sitios como el blog de Atticus, donde quedará bien informado (enlace). Lo que sí quiero hacer ahora es decir que me ha parecido una labor magnífica. Coincido con mi colega bloguero sobre el buen rumbo que han tomado los de La Fura después de sus relativamente decepcionantes Troyanos: en la obra de Kurt Weill ha habido bastante menos tecnología y mucho más teatro, y además teatro del bueno, lleno de ritmo, atento a la dirección de actores y masas, inteligente, y hábil a la hora de conjugar el respeto por la obra original -nada de dramaturgias paralelas- con la aportación de una estética personal e inconfundiblemente furera. ¿Se debe quizá la mejoría a la presencia de Alex Ollé junto a Carlus Padrissa en la dirección de todo el equipo de La Fura dels Baus? Sea como fuere, un trabajo redondo, soberbio, claramente superior al de los dos DVDs que circulan por ahí (enlace). Como la dirección musical de Heras-Casado se come con patatas a la de sus colegas videográficos, está claro que cuando salga a la venta la filmación madrileña, esta se convertirá en la versión de referencia para acercarse a Mahagonny.

Termino con una breve reflexión. Se han escuchado cosas por ahí como que esta obra tiene su mensaje político más que caduco, que es "socialista" o que alberga una moralidad digamos "perniciosa". No estoy de acuerdo con ninguna de estas afirmaciones. Tampoco con la señora que tenía delante de mí que decía que esta obra -o la función, quizá se refería a la parte de las mamadas- estaba "hecha por degenerados" (sic). A mí lo que me parece es que se trata de una obra profundamente nihilista y antisistema: anticualquier sistema, tendría que especificar. En el primer acto Mahagonny se rige por el totalitarismo: los habitantes viven una apariencia de felicidad, tranquilidad y satisfacción dentro de un estado lleno de prohibiciones. Jim hará volar estos fundamentos por los aires en la escena del huracán para dar paso al puro hedonismo capitalista que ofrece comida, amor (mejor dicho: sexo disfrazado de tal), boxeo (un poquito de violencia, la que hoy nos inyecta la televisión por vía intravenosa) y alcohol (ese mismo que bebieron anoche hasta las seis de la mañana los borregos que pastaban bajo la ventana de mi hostal) dentro de una apariencia de total permisividad. Pero tanto en un sistema como en el otro quienes controlan las riendas son los mismos sinvergüenzas (la Begbick y sus compinches), y el resultado termina siendo idéntico: la alienación del personal y la eliminación de quienes no sirven para el mismo, es decir, de quienes no tienen dinero ni nada que aportar. Lo expresó muchísimo mejor que yo José Luis Téllez en su magnífica conferencia previa: en unos momentos en estamos sufriendo una crisis financiera artificial provocada con el fin de acabar con los derechos que los trabajadores han ido consiguiendo con mucho esfuerzo durante siglo y medio, Mahagonny es una obra de total vigencia y actualidad.

PS. En YouTube tienen ustedes, en versión abreviada, la soberbia locución de Téllez (enlace). No se la pierdan.

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