viernes, 28 de enero de 2011

Cuarta de Mahler por Herreweghe: para hartarse de reír

Están dando tanto la vara los chicos de Diverdi (enlace) con el sello que acaba de fundar Philippe Herreweghe y la Cuarta de Mahler que supone el primer lanzamiento del mismo, que he decidido invertir cincuenta y tres minutos de mi tiempo (el belga va rapidito) en escuchar el disco de marras, a ver si al final resulta que es verdad que se trata de una revelación esto del Mahler con cuerdas de tripa y una sonoridad cuyo ideal, en palabras del propio artista, "es la voz humana, y no esa especie de estilo ruso-estadounidense que surgió en el siglo XX, especialmente a partir de los años treinta" (boletín de Diverdi de enero de 2010, página 34).

Pues miren, sí que ha merecido la pena: entre retortijón y retortijón que me producían los múltiples horrores que nos regalan Herreweghe, su más bien discreta Orquesta de los Campos Elíseos y la soprano que les acompaña en este aventura, me he hartado de reír. El mismo arranque es ya para tirarse por el suelo, anunciándonos ya que nos vamos a encontrar ante un Mahler de fraseo liviano, canijo, pimpante y con tendencia a lo repipi. Vamos, como lo que de vez en cuando hace Abbado en este y otros repertorios, pero con vibrato reducido y utilizando cuerdas de tripa. ¡Menuda novedad! Es verdad que hay, eso no se lo vamos a negar a quien en otros repertorios es un gran artista, una buena dosis de dinamismo y sentido teatral por parte de la batuta, pero tales virtudes no arreglan los problemas de base.

El segundo movimiento es lo único salvable del disco, por su riquísimo sentido del color y por algunos efectos teatrales con que el director intenta sorprendernos, aunque Herreweghe no parezca tener muy claro hacia dónde nos quiere conducir: la vertiente diabólica de la página se le escapa por completo, por lo que el complejo mundo mahleriano queda aquí reducido, con una visión demasiado unilateral, a una más o menos divertida estampa navideña.

El sublime Ruhevoll parece comenzar bien, con una calma concentrada y adecuadamente meditativa, pero muy pronto nos damos cuenta de que falta ese fraseo sensual y efusivo, a medio camino entre lo tierno y lo agónico, que consiguen aquí las grandes interpretaciones. Claro que lo peor llega con las intervenciones del violín solista, quien con portamento tras portamento (escuchen entre 7:18 y 7:40 si tienen valor) parece hacer méritos para el premio discográfico a la cursilería. A partir de ahí vuelven el fraseo liviano y la frivolidad expresiva. En el clímax final, mucho decibelio, poco empaste y escasa claridad. Claro que con semejante orquesta y una batuta entregada al efectismo tampoco se puede aspirar a más.

El cuarto movimiento está bien dirigido: tiene animación y Herreweghe, aunque pase un tanto de largo ante el potencial expresivo de la página, parece no sacar los pies del plato. El problema aquí es Rosemary Joshua, que no solo no matiza en absoluto el sentido del texto sino que hace gala de un vibrato artificioso, exagerado y desagradable. Total, que aunque la grabación técnicamente sea un portento (no recuerdo una sola Cuarta que suene así de bien: un aplauso al ingeniero Andreas Ruge), en lo interpretativo me parece una auténtica tomadura de pelo, y por ende no tengo más remedio que suscribir la afirmación que ha realizado David Hurwitz al final de su crítica (enlace) según la cual nos encontramos ante una "horrible performance: misconceived, unmusical, unstylish, and unintelligent". Como ya dije por aquí al hablar de esta sinfonía por Abbado (enlace), mi versión favorita es la de Lorin Maazel con la Filarmónica de Viena. Esta de Herreweghe, pues... para hartarse de reír.

17 comentarios:

Eugenio Murcia dijo...

¿Que te parece la versión dirigida por Tennstedt a la London Philharmonic, con la gran Lucia Popp?. Creo que la publicó EMI.

FLV-M dijo...

Ya me preguntaste una vez por esa versión de Tennstedt, y lamento decirte que sigo sin escucharla. Lo que sí te puedo decir es que de las veintiuna que conozco, la de Herreweghe es la que menos me gusta. Un saludo.

Pablo J. Vayón dijo...

Yo no puedo pararme de reír tampoco... Qué tendrá Mahler.

Anónimo dijo...

Recuerdo vagamente la versión de la Popp y Tennstedt, pero creo que estaba bastante bien. No era la peor de su ciclo. De lo de Herreweghe, sabiendo cómo es el paño "historicista", temo lo peor... la descripción de Fernando me cuadra bastante con la impresión causada por algunas de las más perversas lecturas de este nuevo frente "armado"... JSR

Pablo J. Vayón dijo...

Jajajaja, ¿lo ves? Es que uno se pone y luego no para...

vicentet dijo...

Si Mahler nos llega directamente a traves de Walter, Klemperer, Fried, Mengelgerg, entre otros que convivieron y conocieron al director y compositor bohemio, y podemos hacer una linea "autentica" de Mahler en toda su extension, considero superfluo, estupido y sobre todo grotesco que ahora venga el señor Herreweghe a devolvernos el autentico sonido Mahler.
El espiritu de Harnoncourt en sus inicios,Wenzinger,y demas pioneros de los intrumentos y formas cercanas a la epoca con modos que eliminen la patina romantica, en casos de compositores que han llegado al siglo XX y con el las grabaciones y los testimonios de primera mano, carecen de interes si se quiere plantear esas visiones musicales como su fueran las nuevas biblias musicales, con lo que dejen el mundo en paz, no vaya a ser que le enmienden la plana a Boulez.

vicentet dijo...

Tennstedt es muy admirado por la critica inglesa, aqui se le veia como un maestro irregular. Si te quieres comprar una buena cuarta prueba con los clasicos que nunca fallan; Reiner,Szell,Kubelik, Klemperer y si te atreves con Karajan es una version tan decadente como fascinante.
De las historicas, Mengelberg hace una version demasiado caprichosa y fuera de tiesto, y Walter nunca me ha vuelto lo que se dice loco.
Con la version de Van Beinum pasa que fue la primera que se editó en vinilo por Decca en FFRR osea mono de alta frecuencia,luego se reeditó en la ominosa serie eclipse que distorsionó el sonido,haciendola un falso estereo.
En todo caso se trata de una bella version,pero no mas que la de Paul Kletzki que es de la misma epoca y encima es estereo.

Andrés dijo...

¿Por qué ha de ser "superfluo, estúpido y grotesco", interpretar a Mahler con el tipo de instrumentos que existían en su época? ¿Por qué tanta tirria a las tripas, si es lo que se usaba en tiempos de Mahler, que no llegó a conocer las cuerdas sintéticas? Y, salvo quizá en Nueva York, ¿tuvo a su disposición Mahler alguna orquesta de más de 60/70 músicos? Pues eso.

FLV-M dijo...

Personalmente no me parece mal lo de los instrumentos. Sin ir más lejos, en este mismo blog he hablado bien del Ravel "on period instruments" de Van Immerseel. A mí lo que me irrita es la trivialidad y cursilerías con que dirige Herreweghe, camufladas como "redescubrimiento del sonido verdadero".

Es la misma diferencia que puede haber, por ejemplo, entre el Beethoven de un Norrington y el de un Brüggen: pimpante y poco matizado el primero, lleno de garra el segundo, pero utilizando ambos instrumentos, tempi y articulación por completo historicistas.

vicentet dijo...

Es la musica, estupidos, les responderia Mahler si levantara la cabeza.
En 100 años las orquestas suenan empastadas, los instrumentistas tocan sus partituras sin meter tantas pifias como antaño, y mas aun, Mahler que era un avanzado a su tiempo ya lo dijo: El tiempo de mi musica esta por llegar, con lo que instrumentos de epoca (sic) carecen de interes en este compositor.
No cabe duda que en Beethoven han aportado nuevos acentos, giros pero tambien se han cargado la esencia de la musica, porque vaya asquerosidad es oir ahora la heroica con tan poca garra y pathos y Haydinizarla hasta limites insospechados, como ha promovido ahora la moda de lo historicamente informado. Oiga usted, vayan a sus Bach, Haendel, Haydn y quitenle barnices, devuelvan a su esplendor las musicas en la medida de lo posible, pero dejen lo que ya ha evolucionado por su propia fuerza.

Andrés dijo...

Hablar de "esencias" en la música, que nace en un lugar y en un momento histórico determinados, es caer en el más elemental e inútil fundamentalismo estético: el de las identidades inventadas y hechas inmutables por quienes se arrogan el monopolio de la verdad. ¿Es más esencial la Heroica de Karajan que la de Inmerseel? ¿Por qué? ¿Quién le ha dado el certificado de esencialidad trascendente? ¿No será que tenemos un oido poco flexible, educado en versiones macizas, densas, hipertrofiadas en lo tímbrico y en lo instrumental, y no sabemos reconocer los valores de otras sonoridades, de otras acentuaciones, de otras texturas más transparentes? Es muy peligroso decir que un compositor creó su música pensando en el futuro porque, ¿dónde ponemos ese futuro? ¿En las orquestas sinfónicas actuales, con más de 70/80 músicos para la Heroica? ¿Por qué no, entonces, lo llevamos al sonido informatizado, a los MIDI? ¿Sería en eso en lo que pensaba Beethoven? ¿No le gustaría más una mesa de mexclas de sonido que un teclado de piano? Puestos a fantasear sobre lo que Beethoven hubiese querido para su música, podemos llegar a auténticos absurdos. Lo único constatable es que cualquier compositor compone para los instrumentos de su época, para los intérpretes de su época, para el público de su época, para los códigos estéticos que sabe comparten (compartían entonces, no ahora) compositor, intérprete y público. Todo lo demás es caer en la teología estética, muy bonita como elucubración solitaria, pero inútil a la hora de abordar la comprensión de una creación musical.

FLV-M dijo...

Estoy en buena medida de acuerdo con los comentarios de Andrés, pero aun así el asunto es mucho más complicado de lo que parece. Por ejemplo, ¿resultaría soportable para la sensibilidad de un oyente de nuestros días que hoy se cantara el repertorio verista con los tics y las sobrectuaciones con que se hacía hasta los años cuarenta, por muy "auténtico" que resultase desde el punto de vista histórico?

¿Y nos agradaría hoy escuchar a Mahler con esas libérrimas libertades en el fraseo y los tempi con que él mismo interpretaba su música?

http://www.youtube.com/watch?v=EVzJKOVe644

¿Y lo aguantaríamos con esos portamenti interminables que practicaba Mengelberg y otra gente de su tiempo?

Pues eso mismo: aunque el movimiento historicista ha aportado muchísimas cosas buenas, al final lo que termina primando, a mi modo de ver, es la comunicatividad del intérprete con el oyente de su propio tiempo. Y eso, obviamente, no tiene nada que ver con la utilización de sintetizadores o con el versioneo de Beethoven a lo Waldo de los Ríos o a lo Luis Cobos, sino con algo mucho más sutil.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Yo voy un poco más lejos en este asunto: el propio Beethoven abominaba de los pianofortes de su tiempo. Intuía que el instrumento evolucionaría. Por eso resulta una experiencia tan poco gratificante la escucha de sus sonatas en un artefacto de estos. JSR

Andrés dijo...

Fernando: mira tú por dónde que Vicentet eleva a los altares la tradición de las esencias mahlerianas de Mengelberg y otros directores de su época, mientras que tú crees que hoy nos resultarían insoportables sus interpretaciones. ¿En qué quedamos? ¿Tradición eterna e inmutable? ¿Evolución y búsqueda de otras alternativas?
Y en cuanto a que Beethoven odiase los pianofortes de su tiempo, lo único verdadero y constatable es que compuso para ellos y sus características articulatorias y tímbricas y que sus contemporáneos valoraron su música a partir del sonido de dichos instrumentos ("artefactos" según JSR). Todo lo demás es especular en el aire sobre "qué habría pasado si...". Lo malo (para los esencialistas) es que no pasó nada, que Beethoven no tuvo sintetizadores ni Mahler orquestas con cuerdas sintéticas.

FLV-M dijo...

Mengelberg, Walter, Klemperer... Los tres conocieron de primera mano las interpretaciones del propio Mahler. ¿Cuál de ellos, tan diferentes entre sí, es más "auténtico"? Yo no lo sé. Lo que sí sé es que es el último citado el que más me gusta de los tres, con diferencia, porque me parece que es el que mejor se ha conservado para un oyente del siglo XXI: ¡fuera el azúcar, viva la tensión sonora!

En cuanto al fortepiano, me parece claro que si tal instrumento evolucionó a enorme vecolidad en pocos lustros se debía en gran medida a que los compositores no estaban satisfechos con el mismo y demandaban más cosas de las que los primeros modelos podían dar. Sea como fuere, tampoco me parece un error interpretar con él a Beethoven: he escuchado algunas sonatas por Ronald Brautigam y me han gustado. Y es que lo importante no es el instrumento, sino el concepto.

vicentet dijo...

Precisamente con la cuarta se abre la caja de los truenos, porque es la sinfonia que tanto Mengelberg, Walter y Klemperer directos colaboradores, amigos y confidentes han grabado, y de los tres nos queda testimonio sonoro. Descartando la cuarta de mengelberg, que es el director de la lista que mas anticuado se ha quedado en cuanto a portamenti y libertades, tanto Klemperer como Walter son mucho mas "autenticos" que el señor Herreweghe.
Y Mahler es precisamente un compositor al que haya que restaurarle sonidos, toda vez que la musica de Mahler en su tiempo casi no se interpretaba,y los que la dirigian sí nos han dejado testimonios sonoros,con lo que esta controvertida cuarta habra que valorarla en su justa medida si es buena o mala, pero no como restituidor de sonidos olvidados.