domingo, 4 de septiembre de 2011

La infancia de Cristo según Herreweghe

BERLIOZ: La infancia de Cristo.
V. Gens, O. Lallouette, L. Nauri, F. Caton.La Chapelle Royale-Collegium Vocale Gent. Orchestre des Champs-Élysées. Dir: Philippe Herreweghe.
Harmonia Mundi, HMG 501632.33
2 CDs. 94’58’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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Philippe Herreweghe es un músico que me tiene desconcertado. Sus grabaciones de Bach, de cuya reedición por parte de Harmonia Mundi en dos entregas (primerasegunda) ya he hablado por aquí, siguen siendo una referencia a pesar de que se le pueden poner diferentes reparos, pero en otras ocasiones el director belga nos sorprende con cosas tan deleznables como su Novena de Beethoven (me refiero al primero de sus registros, el segundo no lo conozco) o su reciente Cuarta de Mahler (enlace). Suponía por ello que esta L’Enfance du Christ, grabada en público en febrero de 1997 por los ingenieros de HM, podía gustarme bien poco. Pues no ha sido así: aunque no llegue a la excelsitud de Cluytens (EMI) o, por poner una grabación reciente, al gran nivel de la de Colin Davis para LSO Live, me ha parecido una notabilísima interpretación, por tres motivos distintos.

El primero de ellos, la subyugante magia que desprende el tratamiento coral. Herreweghe modela a las masas de sus dos formaciones con una plasticidad asombrosa, ofreciendo sonidos bien empastados y pianísimos embriagadores, tal vez sin la absoluta perfección con que lo haría un Gardiner, pero añadiendo a la ya de por sí admirable depuración técnica una dosis de morbidez y sensualidad a la que es difícil resistirse. El segundo motivo, que la consabida tendencia del maestro a rehuir del pathos para caer en esa elegancia digamos indolente que se ha convertido en tópico de “lo francés” no le sienta mal a una obra como esta: el que escribió música para el tierno juego de Jesús con los corderitos fue Berlioz, y si a alguien hay que acusar de -expresándolo suavemente- ternurismo excesivo es al compositor, y no a su intérprete, por lo demás buen dominador de la paleta orquestal y hábil narrador en los pasajes puramente orquestales, pese a que en algún momento caiga en lo pimpante (la marcha nocturna, por ejemplo) o en un excesivo nerviosismo (obertura de la Huida a Egipto).

La tercera razón son los cantantes, de alto nivel técnico y bien sintonizados con la línea de la batuta. Me ha gustado particularmente Paul Agnew, pues el tenor escocés luce una línea de canto de enorme belleza, recogimiento y tierna emotividad. Con una expresividad lógicamente distinta, Laurent Nauri logra lucirse como Herodes. Bien a secas Olivier Lallouette y Frédéric Caton, y un punto fría dentro de su habitual elegancia la soprano Véronique Gens. La toma sonora es sensacional. Un doble compacto recomendable sin problemas, pues, salvo para los que sean alérgicos a Berlioz en plan historicista.

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