miércoles, 17 de abril de 2013

Nelsons y Concertgebouw en Lucerna (I): Wagner, Strauss, Shostakovich

Andris Nelsons y la Orquesta del Concertgebouw ofrecieron en septiembre de 2011 en el Festival de Lucerna dos programas que han sido editados en DVD y Blu-Ray (he conseguido “prestados” estos últimos) por el sello Cmajor con alucinante calidad de imagen y sonido. Comento ahora el primero de ellos, en el que el director letón mejora, a mi entender, los resultados interpretativos de realizaciones suyas anteriores de las mismas obras.

La velada comienza con la obertura de Rienzi, que ya le conocía por una toma radiofónica de los Proms al frente de la orquesta de Birmingham de la que es titular. Entonces me pareció un pelín frívola en la sección central y en exceso hollywoodiense –incluso verbenera– en el final. Nada de eso hay aquí. Todo el primer tercio de la página está cantado, como entonces, con un lirismo sereno y concentrado de enorme belleza, elevadísimo en lo espiritual, diríase que sobrenatural. La sección central podría preferirse con mayor densidad: creo que Ángel Carrascosa ha sido muy lúcido al apuntar en su blog que aquí Nelsons mira mucho antes a Weber que al propio Wagner. El tercio final se encuentra ahora maravillosamente controlado, recreándose mucho antes el maestro en la asombrosa calidad de la formación holandesa que en los excesos a los que se puede prestar la partitura. Del uno al diez, un nueve. La nota máxima va para Klemperer y Böhm.

Nelsons Concertgebouw Shostakovich

Richard Strauss completando la primera parte: Danza de los siete velos de Salomé. Nelsons ya tenía una grabación comercial en el sello Orfeo con la City of Birmingham Symphony registrada en 2010. Esa ya era magnífica por su planificación de absoluta lógica, por su perfecto equilibrio entre refinamiento y fuerza expresiva y por su decadentismo aplicado en el punto justo, sin excesos evanescentes pero tampoco haciendo la menos concesión al efectismo. En la de este Blu-ray, aparte de haber cambiado algunos ligeros detalles creativos, lo que marca la diferencia es la presencia de la Orquesta del Concertgebouw, probablemente en el mejor momento de su historia: si los solistas en sus intervenciones se muestran acertadísimos en lo expresivo, la sonoridad global del conjunto, sin la personalidad de Berlín o Viena, ofrece un empaste insuperable, un colorido de enorme belleza y una maleabilidad absoluta. Para mí, la mejor orquesta de Europa hoy por hoy. Las texturas que la batuta obtiene con semejante instrumento (¿se ha escuchado alguna vez algo así en esta pieza?) son un milagro. Diez sobre diez.

La Octava Sinfonía de Shostakovich que ofreció Andris Nelsons al frente de la Filarmónica de Berlín en la Digital Concert Hall ya la comenté en este blog: soberbiamente tocada y con momentos de enorme inspiración, entre ellos la coda final, pero en conjunto algo decepcionante por su relativa falta de garra y sus caídas en la blandura; he vuelto a escucharla y mi opinión ha cambiado poco. Esta de Lucerna con la Concertgebouw me parece más convincente, mejor construida –tremendo el movimiento inicial– y sin los detalles fuera de lugar que entonces había tanto por parte de Nelsons como de (eso es lo más extraño) algunos solistas de la formación alemana. Los de la holandesa, desde luego, están formidables en lo expresivo, aunque quizá el violín no sea tan intenso como el de la Berliner Philharmoniker.

En cuanto a la batuta, se pueden echar de menos la virulencia de Rozhdestvensky en los dos primeros movimientos, la tensión arrolladora de Solti en el tercero y el carácter particularmente esencial y fantasmagórico que Rostropovich imprime a los dos últimos, pero la realización de Nelsons, objetiva y abstracta, quizá algo distanciada, resulta en todo momento certera. Lo menos conseguido a mi entender es el tercer movimiento, no del todo implacable y sin el humor negro que debería tener; el pasaje fugado del quinto está diseccionado con precisión y la coda vuelve a ser acongojante. No me parece una lectura de referencia, pero el nivel es muy alto: nueve sobre diez, en parte gracias al milagro de la Orquesta del Concertgebouw. El diez iría quizá, a mi entender, para la primera de las dos grabaciones de Previn con la Sinfónica de Londres (EMI).

Eso sí, este Shostakovich de Lucerna tiene algo que no posee ningún otro del mercado: una toma sonora en DTS-HD Master Audio para caerse de espaldas si se reproduce en un Blu-ray con salida multicanal y su correspondiente batería de satélites. ¡Cuidado con los vecinos!