lunes, 9 de septiembre de 2013

El Réquiem de Verdi con Caballé: Barbirolli y Mehta

He escuchado en días consecutivos dos grabaciones del Réquiem de Verdi en las que participa Montserrat Caballé: la que Barbirolli grabó para EMI entre agosto de 1969 y enero de 1960 con el Coro y la Orquesta New Philharmonia, y la de Zubin Mehta con la Filarmónica de Nueva York registrada en vivo por la CBS en el Avery Fischer Hall  entre el 24 y el 27 de octubre de 1980. De esta última existe también una filmación televisiva que tuve la ocasión de ver hace tiempo con horrenda calidad audiovisual; esperemos que algún día se edite de manera decente.


La de Barbirolli (he colocado la portada original: ahora está en un doble con el Réquiem de Mozart por Barenboim) fue la primera de esta obra que escuché en mi vida, pero hacía siglos que no la volvía a oír. Me ha gustado muchísimo, sobre todo por la dirección. Esta no es en absoluto operística, sino más bien meditativa y atmosférica; pero no mística ni de religiosidad confiada, porque la desolación más nihilista preside la visión que el maestro londinense tiene de la obra. Este concepto –discutible pero de enorme atractivo– lo plasma tempi muy lentos, en absoluto pesantes, que le permiten además paladear las melodías con delectación y atender al detalle; orquesta y coro le siguen con enorme virtuosismo. El cuarteto vocal hubiera sido espléndido de no ser por Jon Vickers, sin duda apasionado y sincero, pero con su conocida emisión agria y luciendo línea en absoluto italiana. Muy bien la Cossoto y Raimondi.

Mehta Requiem Verdi

Menos interesante, pero aun así de apreciable nivel, la grabación recién reeditada por Sony Classical. El maestro indio, por entonces titular de la orquesta neoyorquina, se muestra aquí como el enorme profesional que es, pero la inspiración resulta desigual: se echan de menos la atmósfera desolada, el aliento poético y la elevación espiritual que esta música demanda. En cualquier caso, la partitura está muy bien paladeada –tempi lentos pero pulso firme–, la planificación es espléndida, el sentido teatral es el que corresponde a alguien fogueado en el foso operístico y, desde luego, Mehta sabe ser brillante cuando hay que sacar la artillería (Dies Irae, Rex tremendae, Sanctus); también hay momentos íntimos de cierta inspiración (Recordare, Lacrymosa, incluso el Libera me). Plácido Domingo está realmente magnífico, notable Bianca Berini y excelente Paul Plishka.

¿Y la Montse? No diré nada nuevo: voz de timbre increíblemente bello, línea de canto purísima, expresividad sincera, nada lacrimógena ni tremendista… y una capacidad asombrosa para regular el sonido y ofrecer un espectacular Si bemol sobreagudo en pianissimo en el Libera Me, con efecto sobrecogedor. Que en este mismo número se quede algo corta en el grave importa poco, porque el instrumento tiene la suficiente robustez para la parte, sobre todo con Mehta, donde también está quizá algo más expresiva. Aquí la pueden ver y escuchar un par de meses antes (7 de agosto) junto a un electrizante Riccardo Muti, y esta vez haciendo el terrible salto al Si sin necesidad de portamento (¡qué joía!), aunque luego el largo calderón no le quede tan hermoso.


Hay una cosa más: las dos grabaciones comentadas suenan bastante mal. La de Barbirolli podría ganar con un nuevo reprocesado. La de Mehta no, porque la “remasterización” es de este mismo año. La toma se dice digital, pero el sonido es plano, la tímbrica está distorsionada y no hay sentido espacial. Incluso hacen acto de presencia unas extrañas “interferencias” de fondo que recuerdan a las que son habituales en las retransmisiones televisivas: ¿será que en lugar de traer a ingenieros de sonido en condiciones para grabar el disco, echaron mano de la banda sonora de la filmación? O a lo mejor es que han tenido guardadas las cintas en el cuarto de baño, porque hay quien asegura que el doble elepé sonaba mejor.

1 comentario:

Bruno dijo...

¿He soñado que ha aparecido, y desaparecido, Rafaela Carra?