jueves, 26 de septiembre de 2013

No se pierdan Pagagnini

Yo me lo perdí en su primera temporada madrileña. Después de una gira y varios premios la propuesta realizada al alimón por el violinista Ara Malikian y el grupo teatral Yllana ha vuelto a la capital de España, concretamente al Teatro Calderón, donde estará hasta el próximo 13 de octubre para después volver a recorrer medio mundo. Yo lo vi el pasado 21 de septiembre y quedé encantado: mi consejo es que no lo dejen escapar.


La unión de música y humor en este espectáculo en el que un cuarteto de cuerda (tres violines y un chelo) liderado por el citado Malikian se dispone a ofrecer un recital puramente clásico, obviamente para que al final termine pasando de todo, puede recordar a mis admirados Les Luthiers. Pero hay dos enormes diferencias. La primera, que los gags de los Mundstock, Rabinovich y compañía son en su mayor parte verbales, mientras que aquí no hay casi ninguna línea de diálogo y el humor sale directamente de la música; mejor dicho, de lo que se hace con ésta desde el punto de vista puramente sonoro y de la interactuación entre la misma y el derroche mímico desplegado por los cuatro instrumentistas. La segunda, que mientras en los espectáculos de los argentinos el objetivo fundamental es el humor, en Pagagnini la música se pone en primera fila con claras intenciones de mostrar las posibilidades sonoras de los instrumentos de cuerda y, de paso, aficionar a la “música clásica” a personas que generalmente viven al margen de ella y han acudido al teatro simplemente a reírse un rato.

Por lo demás, hay que admirar en este espectáculo su doble faceta. Teatralmente funciona sin problemas, con buen pulso, una muy acertada definición de los protagonistas –cada uno de los músicos tiene una personalidad determinada en la que la autoironía y la más saludable desvergüenza desempeñan un papel decisivo– y un espléndido sentido del humor que, sin llegar a producir hilaridad, nos hacen salir con una duradera sonrisa en los labios. Y musicalmente… Bueno, estos señores son estupendos, y lo de Malikian no tiene nombre: virtuosismo extremo y musicalidad desarrolladísima en la interpretación, por no hablar de los alucinantes arreglos –es de suponer que en buena medida suyos– con que deforman, con sorprendentes resultados, conocidísimas piezas del repertorio. Encima son los cuatro (Eduardo Ortega, Gartxot Ortiz, Fernando Clemente, más el virtuoso de origen armenio) estupendos actores.

Lo dicho: no se les ocurra perdérselo si tienen la oportunidad de verlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no te parece el chelista impresionante? todos son muy buenos, pero el del chelo, es único.