domingo, 12 de octubre de 2014

El Sombrero de Frühbeck: nueva remasterización, “a peor”

Permítanme celebrar el Día de la Hispanidad con uno de los discos de música clásica más rematadamente españoles que deben de existir: la grabación del ballet El sombrero de tres picos –completo, no las suites– efectuada por un joven Rafael Frühbeck de Burgos al frente de la Philharmonia Orchestra en el Kingsway Hall de Londres para el sello EMI en 1963. Españolidad que no viene solo por la naturaleza de la genial partitura de Manuel de Falla, sino también por la interpretación, todavía hoy referencial, del recientemente desaparecido maestro burgalés.

Falla Sombrero Fruhbeck vinilo

Ese carácter tan hispano es muy difícil de definir con palabras, pero resulta perfectamente identificable desde el arranque (¡lleno de júbilo, salero y garbo!) de esta interpretación robusta y enérgica, más no basta, planificada con tremenda solidez y expuesta con asombrosa claridad, en la que frente a enfoques más evanescentes y refinados, diríamos que impresionistas, como pueden ser los de un Ansermet, un Ozawa o –a menor nivel artístico– un Dutoit, priman la teatralidad, la garra, el espíritu juvenil y hasta el arrebato.También rebosa de sentido del humor; de humor “rústico” y jocoso antes que amable, que es el que demanda la partitura. Y de concentración, de poesía y hasta de magia, a la que no es ajena la presencia de una Victoria de los Ángeles excelsa en el canto del cuco.

No podemos olvidar la sensacional labor de la orquesta de Klemperer, que aquí hace gala tanto de su tremenda solidez técnica y de su tímbrica particularmente incisiva en las maderas –bien subrayada por la batuta– como de una frescura, una comunicatividad y una musicalidad a la hora de ofrecer matices expresivos realmente asombrosa. En suma, una interpretación que sigue siendo referencia absoluta, a pesar de contar con las espléndidas recreaciones “a la francesa” arriba citadas, de la admirablemente stravinskiana de Boulez o de la muy poderosa de Barenboim con la Sinfónica de Chicago (la del DVD, mejor que la del CD).

Y ahora, la cuestión técnica a la que hace referencia el título de esta entrada. La audición la realicé anoche –por cierto, ya tengo la instalación adecuada para escuchar música sin excesivos sobresaltos– no en la edición oficial de EMI, sino en un reprocesado realizado por HDTT que, tras pagar 18 dólares, me he descargado en formato 24/96 y me he pasado a DVD-Video (sin imagen, claro) para conservar la alta calidad de reproducción.

Pues bien, no sé si será solo por el HD (que escucho como tal: mi amplificador me reconoce sin problemas los 96khz) o también por la remasterización, pero lo cierto es que el sonido, comparado con la edición de Great Recordings of the Century, ha ganado de manera considerable en inmediatez, claridad, cuerpo y relieve, otorgando además una presencia mucho más adecuada a las frecuencias bajas. Por desgracia, hace ahora acto de presencia una sonoridad metálica, estridente, un poco “a lata”, que acentúa la incisividad y aspereza que ya estaban presentes en la edición de EMI –y que también corresponden en parte a la interpretación, no se olvide– y que a determinadas sensibilidades puede llegar a resultar muy molesta. Creo que globalmente salimos perdiendo.

La cuestión es: ¿cuál de los dos reprocesados es más fiel a la grabación original? ¿Se les ha ido mucho la mano a los señores de HDTT dándole relieve a los agudos en la ecualización? ¿O quizá los ingenieros de EMI siguieron el proceso contrario al hacer la edición en compacto, suavizando las frecuencias altas para difuminar las estridencias y disimular el soplido de fondo? Habría que tener un vinilo original en buenas condiciones para averiguarlo, y supongo que ni aun así quedarían las cosas claras.


De momento, me quedo con la edición de Great Recordings of the Century, acoplada con La vida breve de Frühbeck y El amor brujo de Giulini, siempre con Victoria de los Ángeles. Ahora bien, la edición de HDTT viene con unas romanzas de zarzuela que en 1968 grabó para RCA, bien acompañada por la batuta de Eugenio M. Marco, una Montserrat Caballé en plenitud de facultades. En la canción española de El niño judío está verdaderamente excelsa. Lo pueden comprobar en el YouTube de más arriba y completar así la ración de españolidad bien entendida que proponemos con esta entrada.

1 comentario:

El torneo del Wartburg dijo...

Buena recomendación la del Sombrero de Frühbeck. Yo este registro no le conozco. Recomendación por el 12 de octubre, en mi blog también he hecho lo propio, en este caso con la zarzuela Gigantes y Cabezudos de Fernández Caballero. Te invito a visitarlo: eltorneodelwartburg@gmail.com