martes, 21 de octubre de 2014

Muti y el Romeo y Julieta de Prokofiev: mejor en Philadelphia que en Chicago

Uno de los más grandes logros de la carrera discográfica de Riccardo Muti, por no decir el mayor, fue el registro de una selección de las suites nº 1 y 2 del Romeo y Julieta de Prokofiev realizado en febrero 1981 para el sello EMI con la Philadelphia Orchestra. Una lástima que el maestro grabara solo 52 minutos de esa obra maestra absoluta (¿la mejor música de la primera mitad del siglo XX?) que es el ballet completo, porque nunca antes ni después –excepción hecha de algún número aislado por Celibidache y un tardío registro radiofónico por Rostropovich no comercializado– ha sonado esta partitura con semejante nivel interpretativo.

Muti Prokofiev Romeo

El secreto de semejante excelencia, al margen de la portentosa intervención de la orquesta de la que el maestro napolitano acababa de obtener la titularidad, fue doble. Por un lado, la perfección del idioma de Prokofiev que evidenciaba la batuta, con todo su sarcasmo pero también con su enorme aliento poético, ofreciendo en lo puramente sonoro aristas en su punto justo, una cuerda grave poderosa y esas maderas carnosas tan propias del autor, sin escorarse hacia lo en exceso expresionista ni hacia un excesivo refinamiento lírico. Por otro, el tremendo instinto teatral que evidenciaba alguien que conocía muy bien el mundo de la ópera, y que sabía no quedarse en lo sinfónico sino narrar una historia con un pulso y una inmediatez absolutas. Amor, violencia y muerte sonaron con una intensidad, una inmediatez y una garra dramática inigualables.

Añadiríamos a todo ello un tercer factor: una diríamos que “italianidad” fresca y rústica, a veces muy luminosa (¡increíble la danza popular!), que le sienta estupendamente a esta obra que tiene más de latino de lo que a primera vista puede parecer. La toma sonora recogía el portento con amplísima gama dinámica, pero también con excesiva aspereza y escaso sentido espacial.

Prokofiev Romeo Muti CSO

Pues bien, Muti vuelve a llevar al disco la obra, esta vez con su nueva orquesta norteamericana: la Sinfónica de Chicago. El registro está realizado en vivo, correspondiendo a sendos conciertos ofrecidos en el Symphony Center los días 3 y 5 de octubre de 2013; edita el sello de la propia orquesta, CSO Resound. ¿Diferencias? En primer lugar, ahora nos quedamos en solo 48’50’’: la escena callejera no se echa especialmente de menos, la danza popular sí. En segundo lugar, la toma sonora es ahora mucho mejor: se ha reducido un tanto la abrumadora gama dinámica de antes, pero se ha ganado de manera considerable en definición tímbrica, cuerpo, espacialidad y, a la postre, naturalidad.

En cualquier caso, lo importante son los resultados artísticos, y aquí hemos salido perdiendo. Entiéndaseme: la planificación desde el podio es soberbia –más aún que antes, pues se escuchan líneas orquestales insólitas– y la orquesta toca de manera literalmente insuperable, pero Muti no se muestra tan comprometido en lo expresivo. El ardor juvenil, la intensidad, la garra, el carácter diríase que visionario que antaño presentaban tanto los números líricos como los más dramáticos, han dado paso a una relativa –muy relativa, pero perceptible– relajación de las tensiones; incluso a cierta pérdida de la tremenda personalidad de años atrás, como si el maestro se limitase a hacer unas cuantas correcciones –extraordinariamente sabias, eso sí– a un imaginario piloto automático. Ni siquiera la Chicago Symphony, insisto que perfecta desde el punto de vista técnico, suena tan claramente a Prokofiev –por las maderas, sobre todo– como la Philadelphia Orchestra.

Resumiendo: la grabación de EMI es imprescindible en una discoteca mínima, mientras que la de Chicago, siendo magnífica, resulta decepcionante para venir de quien viene. ¡Qué ocasión perdida!

2 comentarios:

Bruno dijo...

¡Cuestión de gustos! A mí tambien me gusta, pero no me atrevería a decir que es la mas grande obra.

Anónimo dijo...

Sólo conozco la versión del ballet completo dirigida por Previn / LSO y me gusta muchísimo.
En cuanto a la obra, no sé si es la mejor música de la primera mitad del siglo XX, pero para mí sí es el mejor ballet compuesto de todos los tiempos.

Un saludo,
Alberto.