lunes, 23 de mayo de 2016

La Cuarta de Brahm por Carlos Kleiber y la Filarmónica de Viena

Sin ser la más grande interpretación discográfica de la Cuarta de Brahms, y sin olvidar tampoco que esta enorme obra maestra admite y hasta demanda enfoques más atentos al humanismo, la sensualidad y la ternura (¡enorme Giulini con la misma orquesta, también en DG!), este registro realizado en la Musikverein vienesa en marzo de 1980 es todo un hito que nos permite degustar las personalísimas maneras de hacer de un Carlos Kleiber que supo aunar como nadie esos dos conceptos antagónicos que son la electricidad y el refinamiento. Y lo hizo, además, con una asombrosa habilidad para ofrecer matices agógicos tan sutiles como efectivos –nada hay aquí de cuadriculado o machacón–, atendiendo en todo momento a la arquitectura global –trazada con decisión, sin contemplaciones más o menos otoñales– y haciendo que el ardor emocional, siempre controlado, logre que se inflamen las melodías sin que estas pierdan nunca el sentido de lo cantable.


En este sentido, la asombrosa belleza tímbrica y el sentido del legato de las cuerdas de la Filarmónica de Viena son toda una baza a favor del maestro, sin olvidar que es él quien, frente a un primer movimiento no todo lo memorable que podía haber sido, remansa su temperamento electrizante e incisivo para ofrecer un Andante Moderato de voluptuosidad abrumadura. Tenso, escarpado e implacable el Scherzo, que avanza con una fuerza arrolladora, aunque Kleiber se reserva lo mejor de sí mismo para el Finale: interpretación memorable, genial en grado extremo, de acentuadísmo carácter dramático y un fuego verdaderamente abrasador; pero fuego controlado por una batuta de virtuosismo extremo, capaz de pasar de una variación a la otra con una asombrosa capacidad para flexibilizar el tempo (¡qué fraseo más elástico y, al mismo tiempo, más natural!) y una increíble lógica expresiva.

Como curiosidad, les diré que esta fue la primera Cuarta de Brahms que tuve, aunque en mi colección duró poco tiempo: el vinilo estaba rayado y decidí devolverlo. Pronto me acostumbré a otra interpretación, la de Bernstein con la misma orquesta, y a la que ahora comento solo volví muchos años más tarde con su reedición en la serie The Originals. Esta última audición, que he realizado esta misma tarde, ha sido en Blu-ray Pure Audio: ¿es cosa mía, o no suena todo lo bien que debería? La verdad es que no he podido comparar con la edición en compacto. En cualquier caso, mensaje claro a quien no lo conozca: disco absolutamente imprescindible.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado
gracias por postear este disco ! coincido con que se trata de un estupendo logro artístico. y he de decirle que coincido : la edición original con la misma tapa que encabeza la nota suena mejor que la remasterizada de "originals". Con otros discos pasa lo mismo vaya a saber por qué ,
Saludos Cordiales

Julián