viernes, 13 de enero de 2017

Brendel hace Schubert en el Middle Temple

El Middle Temple es uno de los lugares más deliciosos de Londres, tanto por la umbría plaza como por el gran salón del edificio donde tiene su sede la institución una de las cuatro célebres Inns of Court del mismo nombre. Allí dentro, en enero de 1988, tuvo Humphrey Burton la oportunidad de filmar a Alfred Brendel interpretando una de las piezas angulares de su repertorio, y también uno de los grandes trípticos de todas la literatura para piano: las tres últimas sonatas de Franz Schubert. Las cámaras realizaron una labor muy notable, todo lo sobria y elegante que la ocasión reclama, aunque con tecnología televisiva alejada de los estándares de la alta definición actual. En cualquier caso, es un valor añadido a la hora de disfrutar de estas versiones. O de hacerlo solo a medias, porque lo cierto es que se quedan un tanto a mitad de camino.


Defrauda seriamente la D. 958 en su primer movimiento, más bien plano, apagado y rutinario: típico Brendel timorato que confunde elegancia con sosería y equilibrio con distanciamiento. En el segundo plantea las tensiones de manera más interesantes, aunque siempre permanece ajeno a conflictos y apuesta por la visión apolínea de la pieza en él esperable. Muy bien los dos últimos, ágiles, elegantes y espiritosos, mas no triviales y siempre de elevada musicalidad.

Algo parecido ocurre con la Sonata D. 959. En el Allegro inicial nos encontramos ante el Brendel más aburrido y superficial, ofreciéndonos una recreación hermosa en la superficie pero sin la menor garra dramática, ajena a cualquier tipo de tensión interna. Funciona muchísimo mejor el Andantino, con cuya poesía íntima y desolada sí parece conectar el maestro, hasta el punto de que llega a ofrecer unos acentos muy lacerantes pese a que su enfoque sigue siendo apolíneo. Y muy bien, siempre de esta misma visión, los dos últimos movimientos, planteados con naturalidad y elegancia, ya que no con muchas aristas ni interés por los claroscuros.


Como en su anterior grabación en audio para Philips aquí comentada, la monumental Sonata D. 960  recibe una bellísima interpretación, maravillosamente cantada y dicha con un gusto exquisito, dotada de su adecuado punto de amargor –segundo movimiento–, pero no muy interesada por los aspectos más dramáticos de la página, que quedan un tanto desdibujados por culpa de la voluntad del pianista austríaco de renunciar a los contrastes tanto sonoros como expresivos; en este sentido, y como ocurría en las otras dos sonatas, el primer movimiento se queda un tanto en la superficie a pesar de estar muy bien hilado. Puro Brendel, en definitiva.

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