domingo, 21 de mayo de 2017

Shostakovich por el Cuarteto Hagen

Breves notas sobre el disco con música de Shostakovich registrado con espléndida toma sonora en 2005 –tenían otro grabado entre 1993 y 1994, que desconozco– por el Cuarteto Hagen para Deutsche Grammophon. Adelanto ya que magnífico en lo interpretativo, y por completo recomendable para los interesados en este repertorio.


El CD se abre con el Cuarteto nº 3, que recibe una lectura muy diferente de las lecturas del Borodin (las de 1983 y 1990, que son las que he escuchado). En los dos movimientos iniciales –el primero llevado a un tempo más bien lento– los del Hagen no quieren ser corrosivos, sino más bien atmosféricos e inquietantes, lo que dice cosas muy interesantes sobre los mismos. La cosa cambia en el tercero, particularmente tenso, violento e implacable, aunque siempre desde un perfecto control de la arquitectura y sin renunciar a la más absoluta depuración sonora, algo en lo que estos intérpretes parecen no tener rival. Los dos últimos, curiosamente, están llevados con rapidez, pero eso no les resta fuerza expresiva: severo y poderoso el cuarto, curvilíneo y nervioso el quinto para ir acumulando una extraordinaria tensión en su clímax y finalmente concluir, antes que en una atmósfera ominosa, con inquietante sequedad. Interpretación genial.

Sigue el Cuarteto nº 7, y aquí decepciona el primer movimiento en su enfoque antes atmosférico que tenso y áspero. El segundo, mucho antes que patético o nihilista, resulta anguloso, lleno de desazón e inquietud. En la primera parte del tercero se apuesta por la rapidez, el carácter implacable y hasta la ferocidad, para luego deambular destilando más elegancia y suave ironía que negrura. Interpretación desconcertante y, a mi entender, sin una idea clara detrás. Las dos últimas grabaciones del Borodin, 1981 y 1990, son la referencia.

Queda el célebre, escalofriante Cuarteto nº 8. El Hagen apuesta por una interpretación rápida en los tempi y afilada en la sonoridad, tensa en su arquitectura y sin concesiones en lo expresivo, que no necesita ser áspera ni virulenta, ni tampoco renunciar a la belleza sonora, para transmitir la desolación y el nihilismo que alberga la partitura. A destacar la violencia tan seca y controlada como intensa del segundo movimiento, así como el carácter implacable del cuarto. Quizá sea la mejor de las interpretaciones que conozco, junto con las del Borodin en Melodiya y Virgin.

2 comentarios:

Carlos Alberto dijo...

He estado escuchando el disco y es inpresionante. Del Borodin escuché y grabé en cassette hace años el famoso cuarteto 8 que me impactó. Luego compré la integral del cuarteto Brodsky, pero hace tiempo que no los escucho. ¿ Qué te parece, si la has escuchado? Un saludo

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No la he escuchado, Carlos Alberto, pero tengo malas referencias. A su líder Michael Thomas sí que le he escuchado varias veces en su faceta de director de orquesta, ya que desde hace años reside en Andalucía: no me gusta nada. Un cordial saludo.