domingo, 16 de julio de 2017

Rattle y la LSO en el Barbican: Wagner, Bartók, Haydn

Aprovecho un hueco que tengo en Londres para dejar unas breves lineas sobre el concierto que el pasado miércoles 12 escuché en el Barbican Hall –segunda visita en mi vida a este recinto– a la London Symphony Orchestra bajo la dirección de quien en pocas semanas se va a convertir en nuevo titular, Sir Simon Rattle. Maravilloso programa integrado por obras de Wagner, Bartók y Haydn, ensombrecido por la cancelación de un Lang Lang que hubiera dado mucho más lustre al acontecimiento.


Comenzó la velada con el Preludio y la Liebestod de Tristan e Isolda. En su momento escribí que su interpretación desde el Met vista en cines me había gustado mucho, pero el miércoles me dejó un poco a medio camino: la construcción de las tensiones fue impecable, el fraseo de enorme cantabilidad, la belleza abrumadora, pero el maestro británico abordó estas dos paginas orquestales buscando mucho antes la suntuosidad sonora que esa tensión agónica que todos asociamos al inmortal titulo wagneriano. Todo fue hermosísimo, pero faltó la esencia.

El Concierto para piano nº 2 de Bartok lo dirigió de manera excepcional, como ya hiciera en su registro junto a Lang Lang: ofreció grandes dosis de dinamismo, de garra y de sabor folclórico, otorgó a la LSO un tratamiento tímbrico de lo mas adecuado y, además, supo bucear con enorme acierto en la vertiente lírica de la obra. El solista fue Denis Kozhukhin, joven protegido de Barenboim que está teniendo la oportunidad de sustituir al pianista chino en todas sus recientes cancelaciones. Días antes de venir a Londres le escuché varias grabaciones radiofónicas y terminé con la impresión de que su talento es grande, pero mucho antes para unas cosas que para otras: sin ser en modo alguno un mero mecanógrafo, tiene aún que bucear en las posibilidades expresivas de lo que se le pone por delante. Lo mejor que le he escuchado es el tremebundo Concierto nº 2 de Prokofiev, lo que anticipaba que en el de Bartók iba a estar muy bien. Así fue: Kozhukhin no solo puede con esta página terriblemente difícil de tocar, ofreciendo en ella potencia y limpieza digital en grado superlativo, sino que además la interpreta con mucho acierto. Pero claro, uno se pone a pensar en Lang Lang y no deja de advertir cómo en esta frase o en aquella otra podía haber matizado de otra manera.

En la segunda parte Rattle ofreció el viaje imaginario por la música de Haydn que comenté en la entrada anterior. Ninguna novedad: fue una verdadera delicia de principio a fin.

Una última cuestión. Como era de esperar, desde mi localidad en el primer piso la cuerda de la London Symphony me sonó más empastada que en el Palacio de Carlos V la semana anterior, pero curiosamente los metales no estuvieron tan espléndidos como en Granada. En cualquier caso, gran concierto.

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