domingo, 6 de agosto de 2017

Barenboim en los Proms de 2017 (y II): Birtwistle, Elgar

Hora y media después del concierto de Haitink con la Orquesta de Cámara de Europa, comenzaba la segunda actuación –aquí se encuentra comentada la primera– de Daniel Barenboim y Staatskapelle de Berlín en los Proms de este año. Para escribir he esperado a disfrutarla de nuevo, esta vez en la filmación realizada por la BBC. En ella hay una importante pega: desaparece la imagen durante cuatro minutos del primer movimiento de la sinfonía de Elgar, circunstancia ante la que la propia BBC pide disculpas. Parece que la ausencia no es subsanable, así que nuestro gozo en un pozo. La calidad de imagen es divina, no tanto el sonido: el volumen sufre algunas alteraciones, quizá debido a la compresión dinámica. Pero vamos ya al contenido.


La primera parte la ocupaba el estreno en Reino Unido de una página encargada por el propio Barenboim a Sir Harrison Birtwistle (n. 1934). Como del compositor británico solo conocía su admirable ópera The Minotaur, que comenté hace tiempo, decidí hacer un repaso (¡qué suerte tener integrado Spotify en mi receptor!) por su obra sinfónica: Secret Theater, Earth Dances, Panic, The Cry of Anubis, The Shadow of Night y Theseus Game son las páginas que han pasado por mi equipo.

En Deep Time se reconocen sin problemas los rasgos que, a tenor de las obras anteriormente citadas, parecen caracterizar la producción del autor: denso trazado polifónico, apreciable angulosidad tímbrica y un ritmo obsesivo que, a través de breves células que se van yuxtaponiendo de manera implacable, crea una atmósfera opresiva y una fuerte tensión dramática. Por no hablar, claro está, de esa obsesión por el tiempo que aquí queda patente ya en el mismo título de la composición. El problema, de haberlo, es que Birtwistle no parece decir nada nuevo que no haya dicho ya. Quizá haya aquí mayor riqueza en el color –la plantilla orquestal es inmensa– que en obras pasadas, quizá también resulte menos virulento que en otras ocasiones, pero lo cierto es que esperaba más aún. En cualquier caso, una obra magníficamente escrita y de incuestionable calidad que recibe una interpretación de bandera: diríase que Barenboim y los berlineses han crecido con esta música.

Y algo parecido se puede decir con respecto a su afinidad con Edward Elgar. Poco que añadir a lo que escribí a propósito de su interpretación en Madrid hace ahora tres años de su Segunda sinfonía: una monumental lección de dominio del fraseo, del color y de la polifonía, y una palmaria evidencia de la inspiración poética que nuestro intérprete ha alcanzado empuñando la batuta. Hay en su lectura voluptuosidad, grandeza, gozo dionisíaco, lirismo, hondo sentido trágico, urgencia dramática, melancolía, reflexión humanística, hondura... Para qué seguir: si el autor de las Variaciones Enigma quiso hacer una síntesis de toda su experiencia vital en esta música, Barenboim ha conseguido reflejar todo ello con una intensidad y una convicción abrumadoras. Y lo hace subrayando de manera marcada las conexiones con Bruckner, si bien en la entrevista del intermedio a quien termina citando es a Gustav Mahler. Y a Jacqueline Du Pré, en este caso como inspiradora de su manera de poner de relieve el lado más intenso, trágico y sensible de la música elgariana tal y como ella hizo en sus justamente míticas recreaciones del Concierto para violonchelo. Repaso mientras escribo estas líneas la interpretación de Kirill Petrenko, nada menos que con la Berliner Philharmoniker, y no hay color: la de Barenboim no ya abiertamente superior, sino por completo genial.

Mención aparte merece la labor de la Staatskapelle de Berlín. Hasta hace no muchos años un servidor mantenía que se trataba de una orquesta de segunda a la que Barenboim, mediando su prodigiosa técnica, hacía sonar como una de primera. No sé si me equivoqué en mi apreciación –creo que no–, pero de lo que estoy seguro es de que ahora sí que se encuentra entre las cuatro o cinco más grandes formaciones sinfónicas del continente. Diré más: aunque la Filarmónica de Berlín ofrece mayor seguridad en todas sus secciones y un músculo incomparable, además de poseer un rosario de solistas que son auténticas estrellas, la Staatskapelle se muestra más flexible y ofrece un sonido más cálido y luminoso, yo diría que más bello, en el que se percibe con claridad la huella de esa tradición centroeuropea que quizá solo en la otra Staatskapelle, la de Dresde, se sigue manteniendo.


La primera propina estaba cantada: intensa recreación de Nimrod. Luego vino el valiente y necesario –hoy más que nunca, también en Cataluña– discurso de Barenboim en contra de los "aislacionismos" y en defensa de la cultura europea, cuya traducción ya ofrecí aquí. Se cerró la velada, no podía ser menos, con una Pompa y circunstancia de lo más significativa. Memorable concierto.

PD. Descarguen el vídeo completo de YouTube cuanto antes. Pronto la BBC reclamará el copyright y se quedarán sin él.

No hay comentarios: