domingo, 3 de septiembre de 2017

La mejor Octava de Bruckner de Barenboim

El pasado viernes 31 Barenboim y la Staatskapelle de Berlín ofrecían la Octava sinfonía de Bruckner en la Philharmonie berlinesa. Me hubiera encantado ir, pero no solo ya había gastado bastante este verano en mis viajes por Inglaterra y Castilla-León, sino que al día siguiente me reincorporaba –como la mayoría de los currantes– a mi puesto de trabajo. Un amigo se había comprado entrada, pero al final los astronómicos precios de la capital alemana le hicieron quedarse en España. Una lástima, porque la toma radiofónica que ya anda circulando se ha convertido en una de mis versiones favoritas de la obra, por encima de las tres anteriores del maestro porteño y al lado de la de Karajan en San Florian –un Karajan muy poco Karajan, dicho sea esta vez como un elogio– y de cualquiera de las últimas de Celibidache.


¿Y cómo es esta nueva Octava? Pues en la misma línea de la última que hizo, la de 2010 editada en vídeo por Accentus y en audio tanto por Peral como por Deutsche Grammophon, pero yo diría que aún más atrevida y radical. Encontramos esa fluidez y esa naturalidad de sus últimas realizaciones brucknerianas; esa indisimulada huida de la retórica, de la pesadez y de la opulencia; esa inmediatez y esa vehemencia bien controlada por una mente capaz de organizar a la perfección la arquitectura con un fraseo orgánico a más no poder sin que aparente estar estudiado. Lo que ocurre es que ahora el maestro da otra vuelta de tuerca. Aquí se masca terror puro y duro, no solo en el Scherzo –que ya en la última grabación era tremendo–, sino a lo largo de toda la interpretación, llena de frases ardientes a más no poder, de carreras hacia el abismo y de saltos sin red. ¡Qué manera de hacer rugir a la cuerda! Los violonchelos son de oírlos para creerlo, sobre todo en los dos primeros movimientos: tocan como si les fuera la misma vida en ello.

En el Adagio, aun renunciando a delectaciones místicas y contemplaciones extáticas, Barenboim vuelve a paladear la música con la lentitud que se merece: frente a los 24'18'' de su interpretación de 2010, lo desgrana en 26 minutos exactos, algo más que en sus grabaciones con Chicago y la Filarmónica de Berlín, todo ello añadiendo un plus considerable –sobre todo con respecto a la de 1980– de intensidad, de garra dramática y de ardiente desesperación. Como en los tres registros oficiales, el cuarto movimiento es el que mejor le sale por su carácter implacable y ausencia de retórica; esta última, hasta el punto de que en la gran coda se podría preferir un poco más de amplitud y carácter solemne, lo que por otra parte no casaría del todo bien con la idea global que preside esta lectura, como digo una de las más increíbles que un servidor haya escuchado.

¿Cómo conseguirla? Alguien la ha colocado en YouTube: háganse con ella antes de que la quiten. Y quien esté suscrito al grupo de correo Concertarchive podrá encontrar dos descargas de audio de diferente calidad. Dense prisa, insisto.

5 comentarios:

Rafa dijo...

Hola, Fernando, quería preguntarte por tu opinión sobre el Bruckner de maestros vinculados a la vanguardia histórica (Rosbaud, Horenstein, Scherchen).

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lamento no conocer apenas esas interpretaciones. Bueno, creo que a Horenstein sí que le he escuchado Bruckner, pero ahora mismo no guardo una idea clara sobre ello. Lo siento.

Rafa dijo...

Nadie es perfecto. Para mí el Mahler de Horenstein es piedra de toque absoluta (como para el finado Arteaga). A reseñar su vinculación con la música estoica y visionaria de Ferruccio Busoni (su hijo, o un pariente, tiene un canal dedicado al tema en YouTube).
Un abrazo.

Ignacio Deleyto dijo...

¿Qué tal Fernando? La calidad de la grabación de la versión de YouTube deja bastante que desear. ¿Y las de concertarchive?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola, Ignacio. De las dos grabaciones que han puesto en Concertarchive del mismo concierto he escuchado la que viene en formado ac3, en teoría con más calidad. El sonido es bastante potable, pero la compresión dinámica habitual en las retransmisiones radiofónicas juega una mala pasada en momentos clave como el clímax del Adagio o la coda final. Lo mejor es tener el mando al lado y subir el volumen en esos pasajes. Si quieres conpartir tus impresiones de la interpretación, bienvenido. Un cordial saludo.