domingo, 28 de enero de 2018

Aburrirse con Tosca

Me gusta tanto Tosca que es difícil que me aburra viendo esta ópera, pero eso es justo lo que me pasó ayer en los cines Yelmo con la transmisión en directo desde el Metropolitan de Nueva York. Principal responsable fue la batuta de Emmanuel Villaume: todo en su sitio –orquesta en plena forma–, pero ni rastro de esa particular mezcla de cantabilidad y sensualidad un punto decadentista de la escritura pucciniana. La increíble paleta de colores desplegada por el de Lucca se redujo aquí al blanco y negro, las diferentes atmósferas se encontraron indiferenciadas y muchas frases maravillosas fueron dichas con total indiferencia expresiva. Por si fuera poco, hubo algún zurriagazo en los timbales y numerosos lloriqueos en el violonchelo de “E lucevan le stelle” que bien se podía haber ahorrado. Así las cosas, hubiera preferido escuchar al inicialmente previsto James Levine. Pero claro, los señores del Met han descubierto ahora (¡menuda panda de hipócritas!) lo que muchos sabíamos desde hace décadas, es decir, que Jimmy realizaba –presuntamente– prácticas sexuales muy censurables y han decidido romper los compromisos previstos. Pues qué bien.


A Sonya Yoncheva la pude escuchar en directo hace algunos años en la Traviata de Valencia con Mehta (leer reseña). Sin duda es una buena cantante, por voz –carnosa, con cuerpo–, por línea y por sensibilidad. Ofreció un notable “Vissi d’arte”, pero me parece que globalmente no termina de encontrarle el punto al personaje en lo que a matices expresivos se refiere; el asesinato de Scarpia fue feroz, pero también un tanto vulgar, mientras que se le escaparon muchos pliegues de la compleja psicología de esta diva que se mueve entre el erotismo, el capricho, la entrega absoluta y la ferocidad. En cualquier caso, se mostró bastante musical y muy alejada de excesos.

Al público neoyorquino le encantó Vittorio Grigolo. A mí no: me parece un cantante correcto sin más. Pone empeño y cumple, pero de ahí no pasa. Sus dos arias pasaron sin pena ni gloria; quizá más expresiva la segunda, pero con algún gimoteo –sí, como el referido chelo– poco grato. En cuanto a Željko Lučić, entiendo que si le contratan es por sus soberbias dotes actorales, porque esa voz velada y esa expresividad plana no son precisamente dignas de admiración.

Producción escénica nueva, tradicional por los cuatro costados. John Macfarlane ha diseñado escenografía y vestuarios: indisimuladamente espectaculares, pero lejos del molesto recargamiento zeffirelliano y beneficiándose de una sensible iluminación a cargo de David Finn. Ahora bien, la dirección escénica de Sir David McVicar ha sido más bien floja, por no decir inexistente. En realidad, las únicas aportaciones personales fueron dos errores de bulto: hacer que Scarpia diga delante de todos sus subalternos –no solo de Spoletta– que el fusilamiento va a ser fingido e iniciar el tercer acto con un fusilamiento, en absoluta contradicción con la música. Los cantantes fueron a su aire, con resultados desiguales: maravilloso Lučić (al menos en cine: ¡qué primeros planos más sutiles y reveladores!), solvente Grigolo y muy desigual Sonya Yoncheva, cuyo primer acto le hace merecedora de haber figurado en la recién publicada lista de nominaciones a los Razzies. Desatadísimo el sacristán de Patrick Carfizzi.

En fin, una tarde y 22 euros perdidos. Otra vez será.

4 comentarios:

Bruno dijo...

Yo no diría prácticas censurables. Si acaso censuradas por censores exquisitos. Si acaso prácticas controvertidas.
Además, por lo que leí en ABC, se necesita cinismo para decir al aire que algo pasó en un coche hace un montón de años con el protagonista allí quietecito. ¿Quién le obligó a eso?
Esta sociedad está enferma de hipócritas que conviven muy mal con la realidad de la vida. Hasta yo sabía que Levine era homosexual. Pero como lo de Casablanca. Aquí se juega. ¿Irán a por Bernstein? Pues parece que un 5% de los varones son homosexuales. Tienen tajo. Y que no se descuiden las lesbianas.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bruno, cuando hablaba de prácticas censurables no me refería en modo alguno a las prácticas homosexuales. ¡Faltaría más! Me duele y hasta ofende que alguien pueda interpretarlo así.

Las prácticas censurables consisten en la pederastia y en la utilización de una posición de poder para abusar sexualmente de otras personas, menores o adultas. Es lo que hacían Robert King y James Levine con efebos, o Philip Pickett y Charles Dutoit con señoras de buen ver. Presuntamete en el caso de Levine y Dutoit, no así en los otros dos: King estuvo en la cárcel y Pickett está ahora mismo cumpliendo una condena de once años.

Saludos.

canariasesmusica dijo...

Al caso de la Tosca. Ni me molesté Fernando. Ya solo ver el elenco de artistas me tira para atrás. Yoncheva está lejos de ser una buena cantante. ¿Solvente? ¡Quizás! Dependerá de los gustos de cada cual. Yo la encuentro fría, distante, y con algún problemita de afinación. Aún así, debió ser la mejor de la noche. Pero si sigue así me temo, como ya comenté en otro sitio, que le pasará lo mismo que a Cristina Gallardo-Domas. Grigolo es un tenor que podría ser un buen comprimario, pero no mucho más. Tiene infinitos problemas de técnica. Me recuerda al caso de Marco Berti. Estaba escuchando la Manon Lescaut de La Scala dirigida por Muti con Guleghina y Cura, y pensaba en lo bien que cantaba el Edmondo. Lucic es un buen actor con pretensiones. Lo del director es de traca. Pero es que lo que viene pasando en los teatros de ópera es así. Ponen a cualquiera al frente de una gran orquesta. Suenan bien, lógico, pero nada más. Un saludo.

Mazeppa dijo...
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